Animales de compañía y convivencia

Animales de compañía y convivencia

No es fácil resolver los problemas cotidianos que vivimos en los edificios y en las calles que habitamos. Somos comunidades complejas, cambiantes, que interactúan en centros urbanos que crecen permanentemente, no siempre con el mejor orden.

Poco a poco, hemos incorporado a nuestras familias una variedad de animales de compañía que cuentan con derechos, generan necesidades y forman parte de las reglas vecinales que se establecen para coexistir en armonía.

Sin embargo, una comunidad debe basarse en el diálogo y en el cumplimiento de las normas que se acuerdan para resolver sus conflictos. Uno de los más comunes es el trato a los animales de compañía, cuya presencia es más notoria en ciertas alcaldías, aunque es una generalidad en casi toda la población de la Ciudad de México y de otras urbes del país.

Es precisamente en esos lugares donde comienza una división entre quienes tienen un animal de compañía (que no mascota) y aquellos que deciden no incorporarlos a su vida.

Desde la limpieza de las heces, que es un tema cívico importante que podemos abordar en otra ocasión, hasta las condiciones mínimas en que debe mantenerse a este miembro de la familia, los puntos de vista pueden volverse contrarios.

De vez en cuando, por la relación directa que tuve al iniciar un amplio programa de protección a los animales en la capital del país por medio de una línea de denuncia de maltrato y diversas actividades que contemplaban la vacunación y la adopción de perros, me buscan por diferentes medios para pedirme ayuda sobre conflictos ocasionados por la convivencia con animales de compañía, así que aprovecho este importante espacio de diálogo para compartir mis experiencias.

La primera recomendación es la tolerancia a un nuevo modelo de familia, de pareja o de convivencia que incluye animales de compañía. Es un cambio no tan radical a lo que vivimos con nuestros padres y abuelos, solo cambia la importancia que tiene un ser sintiente al que antes se le consideraba una criatura menor o un juguete.

En una ocasión, a través de una denuncia anónima en redes sociales que era acompañada de una fotografía un poco borrosa porque cuando la tomaron llovía, identificamos un lugar en la ruta del Desierto de los Leones que era utilizado para abandonar animales de compañía que ya no eran deseados. La imagen correspondía a la fila que hacían varios automóviles para deshacerse de ellos.

En muchas otras, eran las malas condiciones en que se encontraban perros, gatos, conejos, entre otros animales, en azoteas, terrazas pequeñas y patios de casas. Hubo un caso de hacinamiento por meses de medio centenar de perros que ocupaban la sala de una casa antigua, imagen lo que encontramos.

El segundo consejo, para los responsables del cuidado de sus animales de compañía, es conducirse con respeto y cumplir con las mínimas reglas de urbanidad cuando salimos a un espacio común, sea dentro de un edificio, un parque o la vía pública. Hemos avanzado mucho socialmente para mantener limpias las calles de heces, pero no es una norma consolidada.

Lo tercero es establecer reglas claras y cumplirlas como vecinos en lo que toca a los animales de compañía. Un perro, un gato, por poner dos ejemplos, son una responsabilidad como lo es cualquier otro miembro de la familia y, si nosotros tenemos reglas como humanos, también las tienen las demás especies que viven con nosotros.

Tolerancia, responsabilidad y reglas, son tres elementos básicos de cualquier sociedad inteligente que busca mejorar. Y en ese modelo de convivencia, están y estarán a partir de ahora, miles de animales de compañía que tienen derechos y debe ser tratados con justicia y bondad.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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