Opinión

La clave está en las personas jóvenes

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Los retos de nuestro entorno nos conciernen a todas y todos, ya que impactan en nuestra propia seguridad personal, patrimonio, salud y bienestar general… y dentro de los diferentes grupos que habitan en la sociedad, usualmente son los jóvenes quienes marcan la diferencia cuando se trata de innovar y abordar los desafíos actuales, en la búsqueda de un camino más justo y sostenible. Pero en nuestro país y en América Latina eso no está pasando, ya que hay un descontento general por la política tradicional que no ha dado resultados. No es que a la juventud no le interese la desigualdad e injusticia social, pero no encuentran la forma de canalizar verdaderamente sus intenciones e impactar con cambios.

Vayamos por partes… Primeramente, la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U) define a los jóvenes como aquellas personas de entre 15 y 24 años. Ese rango de edad coincide con demoledores datos arrojados por el más reciente estudio de opinión pública Latinobarómetro (dentro del cual se incluye México), que señala que entre más jóvenes son las personas (16-25 años) solo el 43% apoya a la democracia, mientras que hacia el autoritarismo ocurre a la inversa: hay más apoyo al autoritarismo mientras más joven es la persona con un 20% de preferencia entre el referido rango. Incluso el mismo estudio tuvo entre una de sus conclusiones que “la minoría de demócratas entre los más jóvenes es lo más preocupante del futuro de la democracia en América Latina (…)”.

Ahora bien, según los datos del último Censo de Población y Vivienda 2020 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México había 37.8 millones de jóvenes, lo que equivale al 30 % del total de habitantes en el país (conformado por 126 millones). Ellos son quienes más abstencionismo han presentado en cuanto a votación se trata. En el proceso electoral del año 2018 el abstencionismo entre las personas de 29 años o menos fue del 46%, es decir: prácticamente cinco de cada diez jóvenes prefirieron no salir a votar.

La historia reciente demuestra que este gran grupo poblacional, se desencanta después de no obtener los resultados que esperaban respecto a determinado proyecto político, pero ello no significa que no tengan otro tipo de acercamientos. Según la última Encuesta Nacional de Cultura Cívica 2020 (ENCUCI) realizada por el mismo INEGI, las y los jóvenes prefieren trabajar con personas de su entorno y encabezar solicitudes de firmas para cambiar los problemas que los aquejan Están usando también las redes sociales para expresarse y buscar influir en política a su modo porque de esa forma lo sienten más cómodo y directo.

Las campañas de temas públicos de interés les resultan también bastante atractivas, sobre todo cuando se trata de temas que conciernen a su futuro y a lo que realmente les mueve. Ese es el reto que de quienes aspiran próximamente a dirigir la administración pública del país. De hecho, de los actuales perfiles presidenciables, el único que ha sabido conectar con las personas jóvenes es Samuel García, que acaba de registrarse como precandidato a la presidencia con un 80% en aprobación en su estado. Con tan sólo 35 años ha demostrado que la clave para un entendimiento fuerte con la juventud en distintos espacios es el impulsar cambios, cuestionar las medidas tradicionales. proponer nuevas ideas y abordar los problemas específicos de su generación, tales como la falta de empleo, la inseguridad y la falta de oportunidades para seguir creciendo.

La clave está en poner a las y los jóvenes en el centro de la agenda, ya que ellos son quienes están más familiarizados con las nuevas tecnologías y movilizarse de manera efectiva. Su participación es el impulso que se necesita para una agenda política más equitativa y orientada hacia el bienestar social. Esperemos que al igual que Samuel García, las y los actores políticos de todos los colores continúen apostando y apoyando la diversidad de perspectivas y experiencias a la política que representa la juventud. Su gama de opiniones es la única que puede enriquecer el debate político y contribuir a la adopción de políticas más inclusivas ante una sociedad cuyas estructuras ameritan un cambio profundo que no se puede realizar con las personas que se han sabido vender como algo distinto pero que en el fondo demuestran ser por indicadores más de lo mismo que critican.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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