Opinión

Un bully acorralado

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El régimen del Licenciado López hace agua por ambos costados; va con las velas enredadas y en el timón tiene a un tipo nervioso, que además no se ha percatado de que lo que sostiene en sus manos en realidad es un comal. El fracaso de su gestión como presidente no va a ser sólo una grave decepción: ya es un desastre en cada aspecto del quehacer público y todavía va a empeorar, al menos, hasta la instalación de la nueva legislatura.

Ante su evidente derrumbe hay un claro cambio en la marea política, y López, que jamás ha sabido reaccionar cuando es otro quien toma la iniciativa, sólo atina a replegarse en su atril de todas las mañanas, peleando con todos, culpando a todos, entendiendo nada y perdiéndose más. El talento político de López, un bully, siempre radicó en tomar la iniciativa en forma pendenciera y cínica; desde el llamado “éxodo por la democracia” hasta la última mañanera de 2023, López creció o se sostuvo políticamente a través del chantaje, la amenaza y el victimismo, tres herramientas que sólo sirven en la medida que los demás lo permitan; no son habilidades ni aptitudes: sólo son recursos bajos que se apoyan en la tolerancia o miedo de los demás, y funcionan hasta que los demás lo permiten.

Lo que vemos hoy es, sencillamente, que al bully se le acabó la pista: los demás actores políticos y grupos de poder han decidido hacerle frente, y este cambio de roles tiene a López dando traspiés en el ring discursivo, sin encontrar alguna esquina y rogando porque ya suene la campana.

Esto, que a sus opositores podría parecer en primera instancia una buena noticia, no lo es tanto. Nada hay más peligroso que un hombre de pocas luces y menos herramientas, acorralado y aún con cierto poder... esa combinación puede ser muy dañina. En sus manos, la

república y la normalidad democrática que hemos gozado hace treinta años en México, están en peligro.

Tal vez sería este el momento de que la sociedad mexicana, al menos la parte de ella que es capaz de atender temas cívicos, empiece a considerar que la elección de junio NO está garantizada; que la instalación de la nueva legislatura, tampoco; que el cambio en el poder ejecutivo el 1o de octubre, puede no realizarse como cada seis años. Y que evitar eso depende más del ciudadano de a pie, que de cualquier institución o grupo de poder: a un tiranito, por paródico que sea, sólo puede contenerlo la sociedad A TRAVÉS de las instituciones.

Sé que suena a mucho trabajo el apuntalar la campaña opositora federal y locales, y además preparar la defensa de nuestro proceso electoral e institucional, pero tal como lo veo, no tenemos opción: descansar todo nuestro deber cívico en votar y promover el voto por la oposición, podría no alcanzar.

Un buen inicio sería manifestar nuestro respaldo cada día, en las calles, los hogares y las redes sociales, a las instituciones leales a la república; a quienes las encabezan dignamente; y a los liderazgos sociales que han plantado cara a este régimen. López y quienes aún van con él, deben tener muy claro cuántas personas estamos al tanto de un posible descarrilamiento de nuestra normalidad democrática, y cuán movilizadas nos encontramos ante esa posibilidad.

El retroceso político al que nos quieren llevar quienes controlan hoy el ejecutivo federal, y la destrucción que ese afán ha provocado, obligarán al régimen a jugárselo todo, y eso debe colocarnos en otro ritmo cívico. Quien pueda verlo, debe actuar ya.

CAMPANILLEO

Ya no estamos en Kansas, Dorothy...

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