Opinión

El sinsentido de sobrecargar la agenda

En tiempos de hiperconectividad y autoexplotación, descansar es abiertamente sospechoso

Cuando el cansancio es recurrente puede ser el signo de una enfermedad (Cortesía)

Para leer con: “Everything in its Right Place”, de Radiohead

Estar cansado hoy es un estatus. El agotamiento se convirtió en trofeo y la saturación en sinónimo de importancia personal. “No he parado en todo el día” se dice con tono de victoria, como quien regresa herido y arrastrándose del frente. En tiempos de hiperconectividad y autoexplotación, descansar es abiertamente sospechoso. No saber estar ocupado es primo hermano del fracaso.

El orgullo por estar ocupado

El calendario dejó de ser un instrumento de organización del tiempo para pasar a ser una vitrina donde se exhibe la utilidad. Decir “estoy lleno esta semana” no es una queja, sino una credencial. ¿En qué momento reemplazamos el valor de lo que hacemos por la cantidad de cosas que hacemos? Cuantas más llamadas, juntas, entregas, viajes, más cerca estamos del altar de la productividad funcional.

Por si eso fuera poco, la jornada laboral se expandió como una mancha de aceite sobre la vida personal. Lo que antes se llamaba “fuera de horario” ahora es solo “trabajo remoto”. Respondemos correos en la cama, resolvemos pendientes desde el baño, hacemos presentaciones en el avión y celebramos todo eso con orgullo y compromiso. ¿Compromiso con qué? ¿Con quién? ¿Para qué? ¿Con qué consecuencias?


Es como si hubiéramos internalizado el eslogan de una empresa que ya ni nos necesita: el éxito es estar ocupado. Incluso cuando esa ocupación nos desmorona.

Descanso con culpa

En este esquema, descansar se ha vuelto un lujo que debe ser justificado. Dormir ocho horas parece un acto de pereza castigable; tomar vacaciones suena a evasión, y no contestar mensajes en domingo se interpreta como un abierto desinterés. Hasta el ocio fue colonizado: ya no leemos, sino que “nos actualizamos”; no caminamos, sino que “meditamos en movimiento”; no vemos películas, “curamos contenidos” o “agregamos referentes”.

La culpa se instala como un malware silencioso. Aun cuando logramos desconectarnos, la mente sigue prendida como estrobo. “Debería estar haciendo algo útil”. El tiempo libre ya no es espacio de recarga, sino una zona de ansiedad latente.

Nos han convencido de que la única forma de validarnos es produciendo. Como si vivir fuera un perpetuo pitch de proyecto, donde hay que demostrar rendimiento, escalabilidad y tracción emocional.

Y sin embargo, nadie se salva. Hasta quienes dictan conferencias sobre equilibrio y mindfulness confiesan, con voz temblorosa, que no tienen tiempo para aplicarlo en sus propias vidas.

La dignidad del cansancio

Frente a esta maquinaria insaciable, el cansancio se vuelve no solo inevitable, sino digno. Cansarse no es debilidad, es resistencia. Es el cuerpo y la mente diciendo “basta” cuando la agenda no lo permite. Es la forma en que el organismo recuerda que no somos dispositivos.

La fatiga debería ser reconocida como una respuesta legítima ante una sociedad que exige el máximo y ofrece lo mínimo. Estamos agotados porque hemos dicho que sí a demasiadas cosas, porque confundimos valor personal con productividad funcional, porque le dimos a los resultados el poder de definir nuestro valor.

Reivindicar el derecho a estar cansado es también reconocer el derecho a existir fuera del rendimiento. A no hacer nada. A simplemente estar. A mirar por la ventana sin monetizar el paisaje. A hablar sin convertir cada conversación en networking. A vivir sin que todo tenga que servir para algo.

Quizás la revolución más radical de nuestro tiempo no sea avanzar más rápido, sino detenernos sin culpa. Volver a habitar el descanso como territorio legítimo, como espacio humano. Asumir que no estamos fallando cuando no producimos, sino tal vez recuperando algo que olvidamos en el camino: el valor de ser sin estar rindiendo.

El mundo parece aplaudir cuando nos destruimos; quizá lo más valiente sea decir: “Estoy cansado. Y eso también está bien.”

       

Tags

     

Lo Último