Imagina que llegas a casa después de un día agotador y tu pareja parece distante. ¿Te has preguntado qué está pensando o sintiendo? Aquí entra en juego la mentalización, una idea sencilla pero poderosa que puede cambiar la forma en que te relacionas con tu pareja.
La mentalización es la capacidad de ponerte en los zapatos del otro, entender sus emociones y pensamientos, y responder de una manera que los haga sentir escuchados y valorados. No se trata solo de notar que están molestos, sino de preguntarte: “¿Qué los tiene así y cómo puedo ayudar?”.
Este concepto, introducido por el psicólogo Peter Fonagy en 1989, tiene sus raíces en cómo fuimos criados. Si de pequeños nuestros padres o cuidadores entendían y respondían a nuestras emociones —por ejemplo, consolándonos cuando llorábamos o celebrando nuestras alegrías—, aprendimos a reconocer y manejar nuestros sentimientos. Esto nos ayuda de adultos a entender mejor a los demás, incluyendo a nuestra pareja. Si en tu infancia sentiste que tus emociones no importaban, es posible que te cueste entender a tu pareja, pero la buena noticia es que la mentalización se puede aprender.
En la vida diaria, mentalizar con tu pareja significa prestar atención a sus señales. Por ejemplo, si llega a casa callado, en lugar de asumir que “no quiere hablar” o tomarlo personal, podrías pensar: “Tal vez tuvo un mal día, ¿cómo puedo acercarme?”. Podrías decir algo como: “Te veo un poco apagado, ¿quieres contarme qué pasa?”. Este pequeño gesto muestra que te importa su mundo interior, lo que fortalece la confianza y el vínculo entre ustedes. En cambio, ignorar esas señales o reaccionar con enojo puede crear distancia.
La mentalización también es clave para resolver peleas. Todos hemos tenido discusiones donde las cosas se calientan rápido. En lugar de responder con un “¡siempre haces lo mismo!”, prueba detenerte y pensar: “¿Qué está sintiendo mi pareja? ¿Por qué está reaccionando así?”. Quizás tu pareja levantó la voz porque se siente incomprendida, no porque quiera atacarte. Responder con calma, diciendo algo como “Parece que esto te frustró mucho, hablemos de ello”, puede transformar un conflicto en una oportunidad para acercarse.
¿Cómo practicar la mentalización? Empieza con cosas simples: escucha sin interrumpir, haz preguntas amables como “¿Cómo te sientes con eso?” y comparte tus propios sentimientos con claridad. También ayuda reflexionar sobre tu pasado. Si creciste en un entorno donde no se hablaba de emociones, podrías tender a malinterpretar a tu pareja, como asumir que está enojada contigo cuando en realidad está estresada por el trabajo. Reconocer estas influencias te ayuda a responder con más empatía.
Mentalizar no es magia, pero es una herramienta que cualquier pareja puede usar para fortalecer su relación. Al entender y responder a los pensamientos y sentimientos del otro, crean un espacio donde ambos se sienten valorados. Este octubre, prueba mentalizar: dedica un momento a “leer” a tu pareja y verás cómo pequeños gestos de comprensión pueden hacer una gran diferencia.
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