A donde el corazón se inclina, el pie camina
Dicho popular
Iniciar, caer, recaer y volver a levantarse; reiniciar. El inicio del año está cargado de expectativas y esperanzas, tanto cuanto el final, de declive, y, en algunos casos, de hartazgo o agradecimiento.
La vida, esa presencia entre dos ausencias, transita entre dos imposibles: no pedir nacer y no poder hacer nada para no morir, posee organizadores, algunos marcadores espaciotemporales que indican algo, como, en este caso, un fin y un comienzo, algo que no existe, sino requiere y puede ser inventado.
A pesar de que en nuestros tiempos la vida se acelera vertiginosamente dando una sensación de desarraigo y soledad, por momentos, insoportables, no obstante las infinitas conexiones virtuales, continúan existiendo algunos ritmos que nos marcan otras pautas que abren otras lógicas, como lo son los movimiento planetarios y los ciclos circa e infradianos de nuestra sinfonía biológica; el día y la noche, las estaciones, el paso del tiempo por nuestros cuerpos, la misma respiración, el caminar…imposible no sentir y permanecer en el propio cuerpo cuando se transita por dichas experiencias.
Tomemos el caminar y contemplar: son dos actividades que se pueden vivir de manera genérica o singular. De manera genérica sería cuando estas dos acciones son moldeadas por un discurso único ajeno a la persona, por ejemplo, la publicidad del mercado, el totalitarismo o dogmatismo religioso; de forma singular, cuando cada persona decide ejercerlas de manera activa, planteando su propio ritmo y maneras, qué, cómo, cuándo caminar, ver…imprimiéndole su propio sello y estilo; única posibilidad de realización, ya que lo genérico está diseñado para activar y ejecutar a perpetuidad el binomio añoranza-decepción, para mantener al cliente cautivo se inflama su deseo y se reitera su frustración…(“¡Pero, espere, dentro de poco saldrán a la venta los más recientes modelos y esos solucionarán los problemas de las versiones pasadas…!”) mientras que lo singular posibilita la apropiación de un cierto momento presente en el cual la persona logra expresar un detalle de su visón, precisamente como sucede —y es admirado— en los artistas, quienes crean un estilo singlar y lo comparten con los demás.
Para muchas personas, el iniciar, puede ser muy difícil, debido al haber permanecido demasiado tiempo en automático en una visión genérica, entonces no conocen su propio estilo, su toque singular. Quizás hasta les tome un tiempo localizar ese estilo único que los constituye y está a la espera de ser reconocido y expresado. Sin embargo, siempre se puede encontrar en otras tantas experiencias algunas pistas: como en el hartazgo, en la finalización y comienzo de algo, en aquello que emerge espontáneamente, como en aquella frase de “soy donde no pienso, luego pienso donde no soy” de Jacques Lacan, en los sueños, en lo deseos más singulares, más vocacionales, que no son necesariamente caprichos, sino fuente inagotable de fuerzas de atracción y creatividad hacia un “otro lugar”, un “porvenir” a ser inventado, donde se pueda habitar más a gusto en la propia piel. ¡Feliz año 2026!
