Opinión

AMIA: 75 años colocando a México en el mapa automotriz mundial

Este organismo que encabeza José Rogelio Garza Garza enfrenta un 2026 atípico, en medio de “candados”, nuevas reglas y una revisión al TEMEC como principales retos

Industria Automotriz
Industria Automotriz

La historia moderna de la industria automotriz mexicana no puede entenderse sin la presencia constante de la AMIA. Durante 75 años, la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz ha sido mucho más que un organismo de representación: ha sido arquitecta silenciosa de un modelo industrial que hoy coloca a México entre los grandes productores y exportadores de vehículos a nivel global.

Desde sus orígenes, la AMIA supo que el desarrollo del sector no dependía solo de ensamblar autos, sino de construir certidumbre. Certidumbre jurídica, certidumbre comercial y certidumbre estadística. En cada etapa de expansión (desde la sustitución de importaciones hasta la plena integración al mercado norteamericano) la asociación ha sido un interlocutor clave entre armadoras y autoridades, defendiendo reglas claras en una industria donde las decisiones se toman a décadas.

Uno de sus mayores aportes ha sido la información. Los datos de producción, exportación y ventas que difunde la AMIA no solo reflejan números: narran la salud económica del país. En crisis y en bonanza, sus cifras se convirtieron en referencia obligada para entender el pulso industrial de México, incluso más allá del sector automotriz.

Pero el verdadero valor de la AMIA se mide en perspectiva histórica. Gracias a su gestión, México pasó de ser un mercado ensamblador a una potencia manufacturera integrada a las cadenas globales de valor. Hoy, millones de vehículos producidos en el país circulan por carreteras del mundo, resultado de décadas de diálogo, negociación y visión estratégica donde la AMIA ha sido protagonista.


El aniversario número 75 llega en un momento decisivo. La industria enfrenta la transición hacia la electromovilidad, nuevas regulaciones ambientales y una competencia global más intensa. El reto para la AMIA será el mismo que ha superado durante décadas: anticiparse al cambio, defender la competitividad y asegurar que México no solo participe, sino lidere la siguiente etapa de la movilidad.

Setenta y cinco años después, la AMIA confirma que en una industria que avanza a toda velocidad, la planeación de largo plazo sigue siendo el motor más confiable.

¡Adiós!

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