Cada regreso a clases es un examen silencioso para la ciudad. No de matemáticas ni de lectura, sino de algo más básico: la capacidad para convivir en el espacio público sin generar riesgos.
Más de dos millones de estudiantes retoman hoy las actividades en la Ciudad de México, situación que exige coordinación, paciencia y reglas compartidas.
Bajo la vigilancia del C5, con más de 113 mil cámaras que observan y respaldan, la ciudad cuenta con tecnología suficiente para responder a emergencias, pero ningún equipo puede sustituir la responsabilidad individual. La seguridad vial no se delega: se practica.
El retorno escolar no tendría que ser sinónimo de tensión ni de conflicto vial. Puede ser, en cambio, un momento privilegiado para fortalecer la cultura cívica a partir de la suma de decisiones sencillas repetidas todos los días.
Salir con tiempo suficiente es la primera de ellas. La prisa es el principal enemigo de la seguridad vial. Acelera maniobras imprudentes, normaliza el uso del celular al volante y vuelve tolerable lo que nunca debería serlo. Planear la ruta y anticipar dónde estacionarse evita prácticas de alto riesgo como la doble fila, que no solo obstruye la circulación, sino que pone en peligro a niñas y niños al descender del vehículo.
En zonas escolares, la velocidad máxima de 20 kilómetros por hora no es una sugerencia: es una medida de protección. A esa velocidad, las posibilidades de evitar un atropellamiento o reducir la gravedad de un impacto aumentan de forma significativa. Respetar pasos peatonales, usar siempre el cinturón de seguridad y mantener las manos libres del celular son reglas conocidas; la repetición no las vuelve obvias, las hace indispensables.
La protección dentro del automóvil también cuenta. Los menores de 12 años deben viajar en el asiento trasero, con sistemas de retención adecuados a su peso y estatura. Los objetos sueltos, desde mochilas hasta termos, representan un riesgo real.
Para quienes caminan, la atención no es menor. Cruzar por esquinas y pasos peatonales, evitar distracciones y acompañar de cerca a los más pequeños en horarios de entrada y salida escolar son prácticas que salvan vidas.
Este regreso a clases puede ser el punto de partida para una convivencia vial más consciente, solidaria y, sobre todo, más segura.
@guerrerochipres
