Venezuela está viviendo un momento histórico. Nicolás Maduro está preso, y eso no es menor. Es un hecho que durante años pareció imposible y que hoy marca un quiebre evidente. Pero decir la verdad completa implica ir más allá. Que Maduro esté fuera no significa que el régimen haya desaparecido. El sistema que reprimió, persiguió y silenció durante 26 años sigue funcionando.
Hoy ese poder no está en el aire. Tiene responsables claros. Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez concentran hoy el control político e institucional. Ella asumió el mando del Ejecutivo tras la detención de Maduro. Él mantiene el control de la Asamblea Nacional y del aparato político. Ambos forman parte del núcleo duro del chavismo desde hace años. No son una ruptura ni una novedad. Son continuidad.
Por eso hay que decirlo sin eufemismos. Mientras los mismos actores sigan manejando las instituciones, el régimen sigue vivo. Cambiar una cara no cambia un sistema. La democracia no se decreta ni se simula, se construye con hechos reales.
Uno de esos hechos es la situación de los presos políticos. En las últimas semanas se ha anunciado la liberación de algunos detenidos. Pero también es necesario decir que no basta con liberar al 1%. Organizaciones de derechos humanos y familiares lo repiten con razón. Todos los presos políticos deben ser liberados, sin excepciones y sin condiciones. Mientras haya una sola persona encarcelada por pensar distinto, por protestar o por exigir derechos, Venezuela no puede hablar de justicia ni de normalidad.
La libertad no puede usarse como ficha de negociación ni como gesto para mejorar una imagen internacional. Es un derecho. Y los derechos no se dosifican. Cada preso político que sigue tras las rejas es una prueba de que el cambio todavía no es real.
En medio de este escenario, María Corina Machado sigue representando una voz clara para millones de venezolanos. Su postura ha sido coherente y sin medias tintas. No hay transición verdadera sin libertad total. No hay futuro sin justicia. No hay democracia mientras el miedo siga siendo una herramienta política. Esa claridad conecta porque refleja lo que siente en las calles, dentro y fuera del país.
Pero más allá de los nombres, el centro de esta historia es el pueblo venezolano. Las madres que esperan a sus hijos presos. Los jóvenes que crecieron entre despedidas y exilio. Los trabajadores que resisten cada día. Los millones de venezolanos que no se resignan y siguen creyendo en un país distinto.
Venezuela no está pidiendo favores. Está exigiendo lo básico. Libertad plena para todos los presos políticos. Instituciones que funcionen sin persecución. Justicia para las víctimas. Respeto.
Porque al final, hay una verdad que no cambia. La libertad no se negocia, no se administra y no se posterga. La libertad es un derecho. Y ese derecho también implica que la decisión tomada por los venezolanos el 28 de julio de 2024 en las urnas debe ser respetada. El pueblo venezolano lo sabe. Al tiempo…
DETALLES: Las exportaciones de petróleo de México a Cuba son inaceptables y profundamente opacas. Resulta injustificable hablar de un envío “por humanidad”, como lo hace Claudia Sheinbaum, cuando en México enfrenta una crisis, la gasolina se paga a precios altísimos y no existe ningún beneficio para los ciudadanos. El régimen morenista ha entregado más de 17 millones de barriles de petróleo, equivalentes a mil millones de dólares, a la dictadura cubana, convirtiendo a México en su principal proveedor, a pesar de que se trata de un régimen represor con cientos de presos políticos. Esto no es humanidad, es complicidad.
Mariana Gómez del Campo, Secretaria de Asuntos Internacionales del CEN del PAN y Presidenta de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).
