Opinión

Columna itinerante: Conquistar lo impredecible

¿Es este el comienzo de una nueva era en la educación, o un experimento que terminará siendo rechazado por su falta de conexión humana?
Futurista ¿Es este el comienzo de una nueva era en la educación, o un experimento que terminará siendo rechazado por su falta de conexión humana? (Jessica Lewis - Unsplash)

Estamos asistiendo al final/comienzo de una era. Si bien el cambio de lógica sucedió poco antes de la finalización del siglo XX, específicamente durante la década de los 90, con el surgimiento de la Internet y la globalización de los mercados, lo que está teniendo lugar ahora, principalmente la forma de impacto frontal de algunos gobiernos (guerras, bloqueos comerciales, exaltación nacionalista, amenazas, coerción a grande escala, genocidio, invasiones, denostación el derecho internacional…) creará un precedente en muchos líderes, con el correspondiente efecto en instituciones y personas. Recordemos que los discursos y acciones siempre tienen algún efecto de “contagio”, algo se viraliza en el colectivo más amplio. Estemos atentos.

Si bien el pretender conquistar lo impredecible vía el control de la muerte, posteriormente la administración de la vida, marcó ampliamente la forma de vivir el siglo XX, mediante la “colonización” tanto del poder terrenal como del divino, en la actualidad, la interpretación del mundo es diferente: el poder de las armas y los recursos naturales bajo la lógica del algoritmo y el Big Data, han tomado la estafeta, aderezado con una exaltación nacionalista supremacista en diferentes culturas y contextos; basta con ver algunos ejemplos de lo que está sucediendo en Japón, España, Italia, Irán y EUA, con su correspondiente discriminación y xenofobia.

Pretender conquistar lo impredecible ha sido el eje de religiones y gobiernos, lo mismo que de un cierto cientificismo que degrada la ciencia pretendiendo hacer de lo incalculable igualmente un dogma, vía su uso político y comercial. Sólo que ahora, es más evidente que cada posición (política, comercial, religiosa, ideológica…) carece de garantías suficientes para dar cuenta de ese vacío incalculable e impredecible de la vida, así como del quehacer de los gobiernos, las escuelas, las religiones, etc. De ahí que busquen llenar ese vacío mediante lo absoluto del pensamiento dogmático, explotado la seguridad/inseguridad, el hartazgo/la fascinación/horror… que se puede presentar tanto en la política de derecha como en la de izquierda, caracterizado por una ausencia de pensamiento crítico, de un mínimo de voluntad para tomar distancia y volver a pensar los fundamentos o supuestos de fondo de lo que se propone y realiza. Asistimos a la banalización del mal —descrita por Hannah Arendt— en su versión del siglo XXI con rostro cínico de pacifismo y protección de la democracia.

Como lo ha planteado Jorge Forbes, una ética para este nuevo mundo consistiría en suspender las certezas, sobre todo aquellas dogmáticas que proliferan en todo campo, para mejorar la cualidad de las preguntas; para –como decíamos—retornar a lo pensado, al camino andado para entonces poder reformular las cosas nuevamente. La dificultad radica en que tanto la clase política, los mercados y sus portavoces en medios no suelen pensar, sino colocar imágenes de impacto para ser absorbidas, a diestra y siniestra. Por ello, el cambio tiene que provenir de otros lugares: de la gente, las calles y las artes, en la lógica del colectivo, del conversatorio, de la lucha de los ciudadanos.


La dificultad para el ser humano radica en pretender llenar las lagunas del conocimiento con un dogma done siempre alguien tiene que ser culpable o garante de un cierto orden. Gracias a lo cual se cree que si ese “otro” maligno desapareciera entonces habría paz, progreso y estabilidad. Cuando en verdad, eso proyectado en el otro es algo insoportable de sí mismo, que ni se ha reconocido como propio, ni se le ha dado una salida diferente, menos dolorosa y más creativa, únicamente se ha transferido automáticamente a alguien más dotándolo de la ilusión de que si no fuera por él/ella el mundo sería realmente un paraíso. A todas luces un absurdo.

*El autor es psicoanalista, traductor y profesor universitario. Instagram: @camilo_e_ramirez

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