Las violaciones a los derechos humanos en la República Islámica de Irán son parte de la forma en que el régimen gobierna y mantiene el control. La combinación entre poder político y autoridad religiosa permite limitar libertades básicas y reducir al mínimo cualquier forma de disidencia.
En el caso de las mujeres, el control es constante. El uso obligatorio del velo se aplica mediante vigilancia, sanciones y violencia institucional. Las detenciones arbitrarias y los procesos judiciales sin garantías se han convertido en herramientas para imponer obediencia. La vida privada también esta bajo control del Estado.
La misma lógica se aplica a quienes intentan levantar la voz. Periodistas, activistas y opositores políticos enfrentan censura, arrestos y juicios poco transparentes. El acceso a internet y a medios independientes es restringido para evitar la organización social y limitar la circulación de información crítica. La libertad de expresión queda reducida a un margen mínimo tolerado por el poder.
La pena de muerte refuerza este clima de miedo. Irán continúa entre los países con mayor número de ejecuciones, muchas de ellas tras procesos judiciales que no respetan estándares básicos. Este castigo extremo funciona como advertencia para quienes consideran protestar o cuestionar al régimen. La justicia es un instrumento político.
Las minorías religiosas y étnicas viven bajo discriminación permanente. Varias comunidades enfrentan restricciones educativas, laborales y políticas. Estas prácticas fortalecen un modelo excluyente que castiga la diversidad y premia la sumisión.
El régimen iraní justifica estas políticas en nombre de la soberanía y la tradición religiosa. Sin embargo, estos argumentos no explican ni legitiman la represión sistemática. La falta de presión firme por parte de la comunidad internacional ha permitido que estas violaciones continúen sin consecuencias reales.
Hablar de derechos humanos en Irán exige una postura clara. No basta con describir los abusos, es necesario señalar que se trata de un sistema que funciona a través del miedo y la negación de libertades básicas. Mientras estas prácticas se
normalicen, la represión seguirá siendo el precio que millones de personas pagan por exigir derechos elementales en todo el mundo.
Es un deber de la comunidad internacional seguir levantando la voz frente a la represión sistemática en Irán hasta que los ciudadanos sean libres. Al tiempo...
DETALLES. La supuesta ayuda humanitaria del régimen morenista a Cuba responde, en realidad, a afinidades políticas e ideológicas y no a una preocupación genuina por la población cubana, ya que el gobierno mexicano ignora deliberadamente la represión y la ausencia de libertades que están en el origen de su crisis.
Mariana Gómez del Campo, Secretaria de Asuntos Internacionales del CEN del PAN y Presidenta de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).
