Opinión

Columna Itinerante: El amor, por Camilo E. Ramírez

*El autor es psicoanalista, traductor y profesor universitario. Instagram: @camilo_e_ramirez

Por Camilo Ramírez
Closeup shot of finger couple in love, with cupid finger aside El amor, columna Itinerante (Freepik)

El amor no se puede definir ni precisar; si podemos decir por qué estamos enamorados de alguien, entonces no es amor. El amor siempre resiste y escapa a cualquier operacionalización.

Si alguien está con alguien porque le conviene, por un calculo de costo-beneficio, lo que está en juego es cualquier cosa menos amor, sino una mercancía o servicio: se cree que las relaciones amorosas se basan en recibir algo a cambio de dar algo, un simple intercambio comercial. Cuando el amor no es algo que es resultado de una voluntad o mérito, sino una sorpresa, un encuentro que sorprende, sobre todo, a los implicados.

El milagro del amor, si se me permite la expresión, hace que los enamorados sean para el otro una persona única, irrepetible e irremplazable. No es que la persona represente o encarne el ideal, que sea idealizada, un buen producto, despojada de todos aquellos atributos singulares que le hacen ser quien es (lo incomodo, lo diferente…) sino que es precisamente esa persona, con todo lo difícil e incómodo que pudiera tener o representar y viceversa, uno para la otra persona, la que se ama…pero, oh sorpresa, ello no importa, porque el amor no es una versión idealizada del otro o la realidad compartida, ya que se trata de un amor real, de un amor a lo más real de la persona, un amor que resiste al tiempo, a las fallas y errores.

¿Dónde encontrar el amor? ¿Cómo buscarlo? ¿Cuál es la mejor estrategia?... Como la mejores cosas de la vida, el amor no es el resultado de una estrategia o acto de voluntad, un premio por un esfuerzo, sino una sorpresa, un encuentro de dimensiones colosales y enigmáticas. En ese sentido, sabemos más qué cosa no es el amor que lo que sí es. Así como también cuando no estamos enamorados, es algo que simplemente se sabe, no hay que pensarlo tanto: ¿acaso podría prescindir de esa persona, sustituirle, dejar de compartir con ella? En la respuesta está la clave.

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