El Consejo Universitario de la UNAM este jueves trae en la mesa votar la designación de tres nuevos integrantes de la Junta de Gobierno… y el nombre que ya encendió la mecha es Rosaura Martínez, señalada por ser hija de Rosaura Ruiz, hoy en la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Y ahí es donde el runrún se pone sabroso: ¿esto es simple trayectoria académica y punto… o la 4T ya está metiendo la mano en CU por la puerta “institucional”? Porque la Junta de Gobierno no es un club social: es la llave de decisiones pesadas, incluyendo el rumbo de rectoría y el equilibrio interno.
La bronca no es el parentesco por sí solo, la bronca es la percepción: cuando aparecen apellidos con peso político, la palabra “autonomía” se vuelve alarma. ¿Puma guinda o paranoia universitaria? Este jueves se sabrá si fue coincidencia… o si en la UNAM ya también se juega la partida nacional.
Luisa Alcalde, dirigente de Morena, devuelve a la actualidad la vieja casona de la Roma de Chihuahua 216. La que fuera casa de campaña y de transición de AMLO ahora la quiere “recuperar” para rebautizarla como Casa de la Transformación: un espacio cultural, de reflexión y “abierto al pueblo”.
Pero el chisme real está en lo que significa el movimiento: convertir un símbolo electoral en santuario político. Porque una cosa es abrir un centro cultural y otra es armar un cuartel emocional: un lugar para mantener viva la mística, tomarse la foto, organizar cuadros, y recordar quién puso la bandera primero. Y mientras suena bonito lo de “abierto al pueblo”, la pregunta incómoda queda flotando: ¿cultura de verdad o narrativa con sello 4T?
