El lunes, muy temprano, Paula, una madre chilena residente en Canadá, subió un video a su cuenta de TikTok. En él, contaba que su hijo era el único latino en su escuela y cómo, después del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, estaba emocionado por ir a clases. Sus amigos querían saber todo sobre lo que Bad Bunny había cantado. El pequeño, al ser el único hispanohablante, se convirtió de repente en el chico más popular de la escuela: les explicó el significado de la canción “Debí Tirar Más Fotos” y también les compartió una tradición cultural: que en Latinoamérica los niños duermen en sillas durante las fiestas porque estas se prolongan mucho. Sus compañeros, asombrados, le preguntaron si él también había dormido en sillas y el pequeño respondió orgullosamente que sí.
Paula, la creadora del video, enfatizó que esta anécdota ilustra la importancia de la representación en los medios. Su cuenta se llenó de buenos deseos y saludos desde toda Latinoamérica.
Lo que Bad Bunny logró el sábado fue un hito histórico que quedará grabado en las páginas de la música. Aunque la situación en Estados Unidos no es la más favorable para la comunidad latina en estos momentos y muchos esperaban una protesta contra las políticas migratorias, Benito hizo algo aún más profundo: un discurso contra el odio sustentado en el amor. Un profundo amor por todo el continente americano, manifestado sin violencia, con baile, una boda real, gente abrazándose, una “Casita” llena de alegría y la presencia de diversos personajes de la comunidad latina.
Este espectáculo se convirtió en el más visto en toda la historia del Super Bowl. Bad Bunny no solo rompió récords de audiencia y dudo que haya alguien que no haya visto al menos un fragmento en sus redes sociales. Más allá del análisis, del que ya se ha hablado mucho, me interesa compartir el impacto que tuvo en la gente.
Hacía mucho que un evento no lograba hermanarnos de tal manera. Vimos multitudes en las plazas de Puerto Rico siguiendo el show, familias enteras reunidas en sus hogares viendo cada segundo, incluso con lágrimas. Me conmovió el video de una tienda de autoservicio donde clientes, cajeros y gerentes detuvieron toda actividad para verlo. También me fascinó el de unos fans de Lady Gaga que, sorprendidos por su aparición, lloraron con una emoción que pocas veces se ve. ¿Y qué decir del video de aquella madre que, al ver a Ricky Martin, no pudo contener la emoción y se desmayó sobre su sillón?
Millones de reacciones simultáneas. Millones de almas presenciando a Benito Antonio Martínez Ocasio en una coreografía perfectamente calculada. Pasarán los años y la gente olvidará quiénes fueron los equipos que jugaron el SB LX. Porque este fue el Super Bowl de Bad Bunny, y así será recordado.
