Reducir la jornada laboral a 40 horas semanales es una causa justa. Es una demanda social legítima. Puede mejorar la calidad de vida de millones de familias mexicanas. El verdadero debate no está en el número, sino en la forma.
En el PAN estamos a favor de las 40 horas. Pero no es lo mismo anunciar una cifra como lo ha hecho morena que garantizar un cambio real en la vida de las personas.
La propuesta oficial habla de reducir la jornada, pero mantiene seis días laborales, deja solo un día de descanso y abre la puerta a ampliar las horas extras de 9 a 12 por semana. En términos simples, se promete trabajar menos, pero se permite trabajar más. Se modifica el texto de la ley, pero no necesariamente el tiempo en familia. Y ahí está el fondo del asunto.
México supera las 2 mil 100 horas trabajadas al año y está entre los países donde más se trabaja en el mundo. Por eso la reducción no puede ser simbólica. Tiene que sentirse. Tiene que traducirse en fines de semana reales, en descanso verdadero, en equilibrio entre trabajo y vida personal.
Una reforma bien hecha garantiza cinco días de trabajo y dos días de descanso. Mantiene límites firmes a las horas extra. Protege a las micro y pequeñas empresas. Acompaña el cambio con medidas que mejoren la productividad y la organización laboral. Porque sin estrategia, la reforma se queda en discurso. Con estrategia, se convierte en bienestar.
Reducir la jornada significa producir mejor y comprender que la competitividad no se construye a base de desgaste permanente, sino de talento, innovación y organización inteligente.
Las 40 horas deben sentirse en casa, no solo leerse en el Diario Oficial. El cambio debe ser una mejora concreta en la vida diaria. Porque defender el tiempo de las familias mexicanas es, en el fondo, defender su salud, su estabilidad y su futuro. Al tiempo…
DETALLES. México envió más de 800 toneladas de alimentos y suministros a Cuba y lo llamó “solidaridad”, pero es una decisión política pagada con el dinero de los mexicanos que financia a la dictadura. No hay transparencia sobre cuánto se gastó ni garantías de que la ayuda llegue a las familias y no termine en manos del régimen. Mientras en México faltan medicinas y servicios básicos, el gobierno prioriza una afinidad ideológica antes que las necesidades de su propia población.
Mariana Gómez del Campo, Secretaria de Asuntos Internacionales del CEN del PAN y Presidenta de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).
