Opinión

Cuando la dramaturgia mexicana se convierte en magia escénica: La danza que sueña la tortuga

¡Qué buena vida! Por Ricardo Tinajero

La danza que sueña la tortuga
La danza que sueña la tortuga (Foto: X INBAL)

Por fin se me hizo ver una auténtica joya de la dramaturgia mexicana: La danza que sueña la tortuga, de Emilio Carballido. No saben cuánto quería verla desde su estreno el año pasado, pero por una u otra razón no había podido. Hasta que, en un encuentro casual con Sonia Couoh en casa de Dolores Heredia, nos enteramos de que la obra regresaba en febrero. Evidentemente, nos apuntamos de inmediato.

Confieso que iba con expectativas altísimas. Medio mundo me había dicho que estaba “chula de bonita”, y la verdad no siempre es buena idea llegar así; la decepción puede ser cruel. Pero esta vez ocurrió todo lo contrario.

Camino al teatro, el ambiente ya se sentía especial. Entre el público nos encontramos a la queridísima Ana Karina Guevara, además de Isaura Espinoza, Talía Marcela, Emoé de la Parra e Icunacury Acosta. A las 19:00 en punto sonó la tercera llamada… y comenzó la magia.

La historia nos traslada a Córdoba, dentro de una tiendita que también es hogar. Ahí viven Rocío y Aminta, dos mujeres que sienten que “se les está pasando el tren” y que quizá terminarán “para vestir santos”. Todo, en gran medida, por su hermano Víctor, un macho controlador que ha espantado a cuanto pretendiente se cruza en sus vidas.


Ubicada en los años cincuenta, la obra refleja con agudeza ese choque entre la moral tradicional y los primeros destellos de modernidad. Más allá de la comedia, el texto expone con ironía y sensibilidad las presiones sociales que marcaban a las mujeres de la época.

Desde los primeros minutos, la escenografía atrapa. La estética está tan bien lograda que uno no solo observa: se siente dentro de esa familia, respirando el mismo aire, compartiendo la misma cotidianidad.

La dirección de Nohemí Espinosa es simplemente espléndida. Cada personaje está delineado con precisión, cada emoción encuentra su tono justo. Nada sobra, nada falta.

Y sobre las tablas, el elenco se luce: Carmen Mastache, Omar B. Betancourt, Jorge Zárate, Cris Ramos, Erika de la Llave, Berenice Riosè y Yadira Pérez. Qué elenco, mis respetos.

Al final, la sensación es inevitable: ganas de llorar de lo bonita que está. Una obra muy bien hecha, redonda, que deja al espectador con una satisfacción absoluta. La puesta se presenta de jueves a domingo en el Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández, dentro del Centro Cultural del Bosque. De verdad, no se la pierdan.

Y cambiando de escenario —pero no de buena vibra—, me lancé a una bohemia muy especial. En esta ocasión, Carmen Cardenal se presentó en el Círculo Teatral, con lleno total.

Más que un concierto, fue como estar en la sala de su casa. Acompañada por sus hijos, Carla y Sebastián, regaló una velada íntima, cálida, profundamente emotiva. Las tres voces son simplemente divinas, y el repertorio, completísimo.

El tiempo se fue volando. De esos espectáculos que no solo se escuchan, se sienten. Me dicen que próximamente repetirán la experiencia, así que les avisaré. Vale muchísimo la pena.

Como siempre, los invito a sugerirme, comentarme y recomendarme lo que les gusta. Mis redes sociales: Twitter @Tinajas, Instagram @tinajas75. Nos leemos la próxima semana.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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