En México el feminismo se ha convertido en una bandera frecuente del discurso oficial. El problema aparece cuando ese discurso sirve para construir una imagen política mientras la realidad de millones de mujeres sigue marcada por la violencia, la impunidad y la falta de protección. A ese fenómeno se le conoce como purple washing. El poder adopta el lenguaje del feminismo para proyectar compromiso con la igualdad, aunque las políticas públicas y los resultados no acompañen esa narrativa.
Desde el gobierno se insiste en que el país vive un momento histórico porque una mujer encabeza la presidencia y porque, según el discurso oficial, existe una agenda feminista desde el poder. La presencia de Claudia Sheinbaum se presenta como señal de avance. Sin embargo, gobernar con perspectiva de igualdad implica mucho más que ocupar un cargo.
La realidad es dura. México continúa entre los países más peligrosos para las mujeres en América Latina. Los feminicidios siguen en niveles alarmantes, miles de mujeres y niñas permanecen desaparecidas y muchas familias enfrentan un sistema de justicia que investiga tarde, investiga mal o simplemente no investiga.
Frente a este panorama, el oficialismo insiste en repetir un discurso feminista mientras evita discutir los problemas de fondo. El feminismo se usa como etiqueta política mientras los cambios que exigen seguridad, justicia y autonomía siguen pendientes.
Las contradicciones también se ven en los silencios. Un gobierno que presume compromiso con las mujeres evita mirar lo que ocurre en otros países cuando la realidad resulta incómoda. En Irak cada año cientos de mujeres son asesinadas por familiares o parejas, y una gran parte de esos casos queda impune. Mientras eso ocurre, el tema apenas aparece en la agenda pública de la presidenta de nuestro país.
En Irán viven alrededor de 45 millones de mujeres y cerca de 17 millones son niñas y jóvenes. En 2022, una gran ola de protestas recorrió el país después de la muerte de Mahsa Amini, detenida por la llamada policía moral por supuestamente llevar de forma incorrecta el velo obligatorio. Las movilizaciones se conocieron como el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” y mostraron que millones de mujeres, especialmente jóvenes, exigen mayor libertad y cambios en las leyes que regulan su vida cotidiana. La respuesta del régimen fue una represión brutal. Muchas manifestantes fueron detenidas, golpeadas y en varios casos asesinadas por exigir libertades básicas, mientras el silencio de muchos gobiernos y figuras políticas resulta imposible de ignorar.
En México, las madres buscadoras recorren el territorio con sus propios recursos para encontrar a sus hijos desaparecidos y han denunciado abandono institucional durante años. A eso se suma la eliminación de las estancias infantiles, un apoyo que permitía a miles de mujeres trabajar y sostener a sus familias.
El avance para las mujeres se mide con resultados concretos: menos violencia, investigaciones que funcionen, instituciones que respondan y condiciones que permitan independencia económica y social. Cuando esos cambios no llegan, el feminismo utilizado desde el poder deja de ser política pública y termina reducido a propaganda. Al tiempo…
DETALLES. Las cancelaciones de habitaciones que la FIFA había reservado en México exhiben un problema que el gobierno intenta maquillar. Durante meses prometieron beneficios económicos y una gran ola de turismo por el Mundial. Hoy la desconfianza es clara. La mala organización y la inseguridad siguen deteriorando la imagen del país ante el mundo.
Mariana Gómez del Campo, Secretaria de Asuntos Internacionales del CEN del PAN y Presidenta de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).
