Uno de los ciclos más significativos de la naturaleza ocurre con el equinoccio de primavera, ese momento preciso en el que la noche y el día alcanzan un equilibrio casi perfecto. En este 2026, el equinoccio de primavera en el hemisferio norte inicia el 20 de marzo a las 03:01 horas (tiempo del centro de México).
No es sólo un dato astronómico: es una puerta simbólica que se abre. Como seres humanos, nuestros cuerpos forman parte de todo lo que también despierta en la Tierra. Sintonizar con las estaciones del año es, en esencia, alinearse con la sabiduría de la naturaleza.
No ocurre nada grave si usted decide ignorarlo, sin embargo, cuando usted elige observar, sentir y acompañar estos ciclos, algo se ordena en nuestras vidas. Es como si el cuerpo, la mente y las emociones recordaran un lenguaje antiguo: el de los ritmos naturales.
La primavera es el símbolo del renacimiento por excelencia. La tierra se abre, las semillas germinan, la luz se expande. En este contexto, diversas corrientes de conocimiento, como la geometría sagrada, han interpretado este momento como una manifestación energética específica.
La primavera está representada por el tetraedro, una figura tridimensional de cuatro caras triangulares que constituye el primero de los llamados sólidos platónicos. Es la forma más estable y es un símbolo del fuego, de la chispa inicial, del impulso creador.
Se le considera una de las estructuras fundamentales del tejido tridimensional en el que habitamos, una especie de “bloque base” de la forma en el universo. Es llamado toroide sexual, está asociado al color rojo y se ubica con el vértice hacia abajo, anclado en las gónadas sexuales.
En la primavera es muy positivo conectar con la luz solar, estar lo más posible en contacto con la naturaleza y seguir sus ritmos, trabajar con lenguajes sagrados y visualizar o meditar en figuras como la estrella tetraédrica.
Representa estabilidad, impulso creador y dirección, está asociado a la energía vital, a la creatividad, al deseo y a la capacidad de transformar obstáculos mediante el poder del fuego, de la imaginación y la acción.
Si lo vemos a través de esta lente, la primavera no sólo ocurre afuera, sino también en la estructura energética de la propia vida. Es el momento en que la energía asciende, se activa y busca manifestarse.
Si tiene usted ideas que han estado en reposo, proyectos que han esperado el momento adecuado o emociones que buscan transformarse, la primavera le recuerda que el momento de darles a luz ha llegado.
Usted puede, por ejemplo, sembrar una intención, escribir un propósito o simplemente respirar con conciencia bajo la luz de un nuevo ciclo. En ese gesto pequeño, hay una alineación profunda. La primavera es el periodo propicio para comenzar, iniciar, dar vida, a lo que usted desee.
Incluso y muy necesario, el deseo y la declaración de la paz en el mundo, la paz para la humanidad, amor y luz para toda la Tierra por entero. ¡Bienvenida y bendecida primavera!