El cuerpo persigue la herida
Cristina Rioto
Cada una de las adicciones posee una lógica e historia singular en la vida de una persona. Pretender comprenderlas y tratarlas mediante una simple clasificación general es por demás limitado. La verdad de una vida siempre es una historia, una historia singular, un recorrido único e irrepetible que hay que considerar, escuchar e investigar, a fin de poder captar algo de esa vida incomparable e irrepetible. Por lo tanto, todo tratamiento implica emprender dicha investigación singular.
Al seguir la pista del inicio de la adicciones (el uso, abuso, dependencia de…) podemos encontrar algunos momentos específicos cuando la persona se relacionó por primera vez con aquello de lo que abusa y depende: una sustancia (legal o ilegal) como cafeína, alcohol, tabaco, mariguana, cocaína, etc., una acción o práctica, como puede ser el trabajo, la pornografía, someterse a cirugías estéticas, algún dispositivo electrónico, etc.
Una concepción popular suele creer que una adicción constituye en sí el problema, que el objetivo de untratamiento consistiría en una simple reducción o extinción del consumo. Sin embargo, como decíamos al principio, cada adición posee una lógica e historia singular, es decir, una razón que desencadenó el consumo, abuso y dependencia, como puede ser una respuesta ante una problemática más original, previa al consumo, un intento de solucionar la propia angustia, la soledad, un medio para calmarse y concentrarse. En ese sentido, cada adicción tendría un anverso y reverso más allá del uso “recreativo”, un intento de “cura”—si se me permite la expresión—de aquello que duele y hace sufrir. De ahí la dificultad a la hora de “atender” a una persona que presenta una adicción, ya que, en principio, la adicción se instaló como una manera debuscar solucionar algo. Y, obviamente al no conseguirse, ya que toda adicción implica una falla en una solución, unaapuesta y un correspondiente fracaso: apuesta a dejar de sufrir, fracaso, en la reiteración del sufrimiento; apuesta, en el intento de llenar un vacío, una falta; fracaso, en la reiteración del dolor y el vacío.
Lo que queda en evidencia con cada adicción es que no existe objeto, ni práctica que logre colmar, ni satisfacer, nicalmar…del todo el dolor y el vacío en la vida, no existe “lubricante” social –como le decía uno de mis pacientes a su adicción—suficiente para resolver de una vez por todas la angustia existencial o las problemáticas que la adicción está buscando resolver. Y en todo ese intento por calmarse, la persona que tiene una adicción no advierte que su vida se está precipitando en la autodestrucción. No consigue percibirlo del todo, a pesar de tener una cierta conciencia, porque esa adicción, en gran medida, es la única forma, o al menos la principal, de lidiar con sus angustias. Con lo cual,la respuesta de la adicción ante los retos de su vida se presenta rígida, estereotipada, sin muchas variaciones; al ser una respuesta genérica, bloquea el surgimiento de nuevasposibilidades, más creativas y menos dolorosas.
En resumen, entre las dificultades para “salir” o resolver la adicción, estarían, por un lado, la identificación con ese consumo o práctica, como un intento (fallido) de resolver una angustia más originaria, previa a la adicción, así como la rigidez en el intentar diversas soluciones, más creativas y menos dolorosas, de hacer frente a la propia angustia que implica vivir, bloqueando así la vida de la vida, del entusiasmo y creatividad. En ese sentido, además de una desintoxicación por la sustancia o práctica, es necesario abordar al mismo tiempo, psicológicamente los elementos lógicos e históricos del consumo, así como las posibilidades de las que el paciente puede valerse para inventar soluciones más creativas, variables, responsables y menos dolorosas de vivir. Esto, por supuesto no es fácil, tendrá sus retos en cada caso singular, pero, por algún lugar se podrá comenzar dicho viaje.
*El autor es psicoanalista, traductor y profesor universitario. Instagram @camilo_e_ramirez
