Opinión

Matilda, un musical que supera la expectativa

¡Qué buena vida! por Ricardo Tinajero

¡Qué buena vida! por Ricardo Tinajero
¡Qué buena vida! por Ricardo Tinajero Imagen del archivo

Por fin llegó el día en que ‘Matilda, el musical’ aterrizó en México. La expectativa era mucha y la espera larga, pero sin duda valió la pena. Desde que recibes una invitación a los estrenos de Alejandro Gou, sabes que la pasarás muy bien. Nadie quiere perderse sus eventos, porque son garantía de calidad y de que el productor siempre avienta la casa por la ventana, apapachando a todos sus invitados.

Al llegar a la alfombra roja se nota el poder de convocatoria que tiene. Todos los medios del país estaban ahí, sin faltar ninguno. Y cómo no, si cuenta con uno de los mejores relacionistas públicos del medio, me refiero a Ramsés López, quien siempre logra reunir a todo el mundo.

En el lobby del teatro saludé a muchísima gente: Mariana Garza, René Franco, Víctor Noriega, Itatí Cantoral, Gustavo Adolfo Infante, Arlette Pacheco, Pablo Perroni, Lalo Carrillo, Hiram Hurtado, Addis Tuñón… y podría seguir mencionando a medio teatro, porque prácticamente todo el ambiente artístico se dio cita esa noche.

Cuando pasamos a ocupar nuestros asientos, comenzó la magia. El escenario es imponente, el colorido deslumbrante y el talento infantil simplemente impresionante. Parecían actores de primer nivel, pero eran niños. De verdad, algo increíble.


Tengo que decir que Emilia está fabulosa, y no por elogiar a la hija del productor, sino por el gran talento que tiene. Canta, baila y actúa con una seguridad impresionante. Por eso su padre apostó por ella para protagonizar este gran musical. Estoy seguro de que esta pequeña llegará muy lejos.

Jaime Camil, wow… qué acierto que haya regresado al teatro musical mexicano con este majestuoso proyecto. La caracterización es maravillosa y, por supuesto, su talento es de primera. No ha pisado Broadway por casualidad; para estar ahí hay que demostrar capacidad, y él la tiene de sobra.

Ricardo Margaleff está sensacional. Es un gran actor, con una vis cómica extraordinaria, y el papel le queda como anillo al dedo. Además, hace una mancuerna perfecta con Verónica Jaspeado, quien también luce impecable. Hay un número musical en el que baila ella que realmente se roba el momento.

Algo que me llamó mucho la atención fue ver en el ensamble a María Perroni. En cuanto la vi dije: claro, el talento se hereda. Tiene garbo, gracia y una disciplina que se nota desde la butaca. En el intermedio me encontré a su papá en el lobby y coincidimos en que, al verla, era inevitable recordar a su mamá, Marina, en Vaselina. Hace un trabajo brutal y, a pesar de ser hija de quien es, se mantiene en el ensamble, demostrando que cuando hay talento, se brilla en cualquier lugar donde te pongan.

También me enteré de algo muy interesante. A los productores de Broadway les gusta mucho trabajar con Alejandro Gou porque siempre presenta versiones distintas de los musicales. Le gusta innovar y ofrecer propuestas nuevas, integrando tecnología de punta en iluminación, videomapping, automatización escenográfica y diseño sonoro, logrando una experiencia visual y emocional realmente inolvidable.

Esta historia nos cautivó desde 1996, cuando se estrenó la película, pero nunca imaginamos que se convertiría en un musical de esta magnitud. Una vez más, queda claro que los sueños se hacen realidad.

No se la pierdan. De viernes a domingo pueden disfrutar de esta historia que los entretendrá de principio a fin. Y, como siempre, no me cansaré de agradecerle a Alex por traer teatro de tan alta calidad a nuestro país.

Los invito a que me sugieran, comenten y también me recomienden lo que les gusta.

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Nos vemos la próxima semana.

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