El derrame de petróleo de hace unos días en el Golfo de México hace evidente una crisis ambiental que dejó de ser ocasional. El crudo se extiende por cientos de kilómetros, contaminando playas, manglares y zonas de alta biodiversidad. Las afectaciones alcanzan a la fauna marina y golpean directamente a comunidades que dependen del mar. El daño es inmediato y duradero.
La respuesta del gobierno federal, como ya es costumbre, ha sido insuficiente y confusa. No existe una explicación clara ni responsable definido. Las versiones cambian y la información se fragmenta. Esta falta de claridad es una forma de evadir responsabilidades mientras el daño avanza y la naturaleza se destruye.
En el centro del problema está Petróleos Mexicanos. PEMEX responde con medidas limitadas, enfocadas en limpiar lo visible. Eso no resuelve nada. El petróleo permanece en el agua, en los ecosistemas y en la vida de quienes dependen de ellos. El impacto real no desaparece con reportes ni cifras.
Este manejo refleja una forma de gobierno que minimiza sistemáticamente el deterioro ambiental. Morena no reconoce el daño, no lo asume y mucho menos lo repara. Lo mismo ocurre con el Tren Maya. La selva ha sido destruida, los suelos alterados y los ecosistemas fragmentados. Aun así, se insiste en negar las consecuencias, como si el daño pudiera desaparecer por decreto.
Este derrame es parte de un patrón donde no hay prevención, no hay sanciones y no hay intención real de cambiar. El deterioro se acumula y se vuelve costumbre.
Esto es ecocidio. Una destrucción constante de los ecosistemas, permitida desde el poder y sostenida por la negación. Un modelo que arrasa con todo y después actúa como si nada hubiera pasado. Al tiempo…
DETALLES. Las leyes no bastan cuando no hay justicia. La iniciativa de una nueva ley de feminicidios en México promete avances, pero llega a un sistema donde la impunidad sigue siendo la regla. Muchos casos no se investigan ni se castigan. Sin aplicación real, esta ley corre el riesgo de quedarse en el discurso. El problema no es crear más leyes, es hacer que se cumplan y sancionar a los delincuentes. Ahí está el caso de Austria, donde el acusado del feminicidio de su madre fue puesto en libertad domiciliaria por decisión judicial. No es un hecho aislado, es evidencia de un Poder Judicial secuestrado por el régimen. Cuando el sistema está capturado, la ley deja de ser justicia y se convierte en simulación.
Mariana Gómez del Campo, Secretaria de Asuntos Internacionales del CEN del PAN y Presidenta de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).
