Opinión

#PoliticaConfidencial: Armenta en el aire… y la capital tan llena de baches que parece pista lunar

Por los cientos de baches en la capital del estado, algunos la comparan con la superficie lunar
Puebla (Cortesía)

En plena Semana Santa, cuando buena parte de la actividad pública baja el ritmo, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, hizo lo contrario: mantenerse en territorio. Con sobrevuelos, operativos de vigilancia y coordinación por tierra y aire, el mandatario buscó dejar un mensaje claro: la seguridad no se detiene.

Desde el aire, Armenta supervisó obras, reforzó despliegues y destacó un esquema basado en el “binomio tierra-aire”, apoyado con helicópteros, equipo especializado y el anuncio de nuevos drones. La narrativa es de control, presencia permanente y capacidad de respuesta en días de alta movilidad.

Pero a ras de suelo, en la capital poblana, la historia es otra. Entre baches, rezagos urbanos y servicios deficientes, la ciudad parece moverse en una lógica distinta… tan accidentada que, si no se tiene cuidado, hasta la tripulación de Artemis II podría confundir el destino y pensar que ya aterrizó antes de llegar a la Luna.

Mientras el gobierno estatal despliega operativos y presume coordinación con fuerzas federales, crecen los señalamientos por la ausencia del alcalde Pepe Chedraui. En una ciudad que enfrenta problemas cotidianos —basura, baches, luminarias sin funcionar y espacios públicos deteriorados—, la demanda no es menor: presencia y resultados.


El propio Armenta lo ha dicho sin rodeos: los ayuntamientos no deben enfocarse solo en “obras grandotas”, sino en lo básico —limpieza, mantenimiento urbano y orden—. Un mensaje que, leído entre líneas, también marca distancia política.

El contraste se acentúa con los números. De acuerdo con cifras oficiales, el robo al autotransporte muestra una tendencia a la baja tanto a nivel nacional como en Puebla, con reducciones significativas entre 2024 y 2026. A ello se suma el despliegue de operativos como “Escalón” y la Estrategia Balam, que incluyen monitoreo en tiempo real, drones y vigilancia aérea, además de la línea LAICA con atención permanente a transportistas.

Sin embargo, más allá de las estadísticas, la percepción en la capital pesa. En plena temporada turística y religiosa, Puebla proyecta una imagen de rezago en servicios básicos y una estrategia de seguridad que no termina de convencer.

El mensaje político es claro: mientras el estado busca posicionarse como activo y presente, el gobierno municipal corre el riesgo de aparecer ausente frente a los problemas más visibles de la ciudad.

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