La crisis de desapariciones en México ya alcanzó el plano internacional. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió que este fenómeno podría tener un carácter sistemático, una alerta que deja ver la profundidad de una tragedia que sigue creciendo mientras las autoridades no logran contenerla. Detrás de cada cifra hay familias enteras atrapadas en una búsqueda interminable, sostenida por el dolor, la incertidumbre y una sensación constante de abandono.
El gobierno de Claudia Sheinbaum ha optado por desacreditar informes internacionales y manipular cifras oficiales para reducir el impacto del problema. Esa decisión pesa porque desvía la atención de lo esencial. Ajustar números en documentos no cambia la realidad ni alivia a quienes buscan a sus seres queridos. La distancia entre los datos oficiales y lo que documentan los colectivos muestra una versión recortada del problema que termina protegiendo la inacción.
Las madres buscadoras han tenido que asumir una responsabilidad que le corresponde al Estado. Salen a campo, excavan, rastrean y recorren zonas marcadas por la violencia con recursos mínimos. Lo hacen sin protección suficiente y bajo amenazas constantes. Mientras ellas arriesgan todo por encontrar a sus hijos, la respuesta institucional son puras mentiras. Ese contraste es difícil de ignorar y refleja una desconexión profunda entre las autoridades y el sufrimiento real de las víctimas.
La reacción oficial mantiene una negativa constante a reconocer la magnitud de la crisis, lo que alimenta la impunidad y frena cualquier avance. Minimizar el problema y descalificar los señalamientos termina encubriendo su verdadera dimensión. México queda expuesto ante la comunidad internacional como un Estado que elude su responsabilidad frente a una tragedia de gran escala.
El país enfrenta una emergencia humanitaria en expansión y un desgaste evidente en su credibilidad institucional. Las investigaciones avanzan con lentitud, los resultados son escasos y la justicia sigue lejos para muchas familias. La impunidad se repite y el abandono se vuelve parte de la rutina.
Se necesitan acciones concretas, investigaciones eficaces y un apoyo real a las víctimas. Reconocer la dimensión del problema está pendiente. Al tiempo…
DETALLES. ¡Felices Pascuas!
Mariana Gómez del Campo, Secretaria de Asuntos Internacionales del CEN del PAN y Presidenta de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA).
