Opinión

Llave de Oro

Energía divina
Energía divina (Gemini)

Existe una llave silenciosa, poderosa y siempre disponible para cada uno de nosotros: el sagrado Yo Soy. Desde las bases de metafísica, el conocimiento del Yo Soy es, en su esencia más simple, una afirmación viva; es la manera en que usted se nombra, se reconoce y se declara ante la vida. Es, literalmente, el código sobre el usted crea su experiencia desde adentro hacia afuera, así que no se trata de algo abstracto ni distante.

Cuando se dice y se siente el “Yo soy”, no se está pronunciando una frase cualquiera. Se está abriendo una puerta. Se está utilizando una llave de oro. Los grandes maestros y maestras, pioneros en los estudios y prácticas metafísicas, han insistido en este poder que coloca al ser humano como uno con Dios.

Al decir en conciencia “Yo Soy”, usted no habla desde el personaje que ha construido —ese que cambia según el entorno, las creencias sociales, políticas o religiosas—, sino desde la chispa divina que habita en su interior.

Se comprende entonces que hay dos maneras de habitar ese “Yo Soy”. Una, limitada, inconsciente, repetitiva: “yo soy incapaz”, “yo soy débil”, “yo soy insuficiente”. Y otra, expansiva, creadora, luminosa: “YO SOY digno”, “YO SOY amor”, “YO SOY paz”, “YO SOY riqueza”. Y aquí es donde la enseñanza se vuelve muy práctica.


Porque no es necesario retirarse del mundo ni transformarse en algo inalcanzable. Basta con observar lo que usted afirma de sí mismo a lo largo del día. Se dice que cada afirmación es una semilla, y el terreno donde cae es su propia conciencia. El Yo Soy no puede sostenerse en lo falso sin generar consecuencias.

Cuando se afirma negativamente hacia otros o hacia usted mismo, ese eco regresa. No como castigo, sino como reflejo. Porque todo lo que sale de usted, inevitablemente, pasa primero por usted. Por eso, el verdadero uso del Yo Soy está íntimamente ligado a la virtud. No puede separarse de ella.

No existe, desde el Yo Soy, el obtener sin dar, o el cosechar algo que no se cultiva. Sin despertar a la conciencia espiritual, la afirmación de lo divino en nosotros: paz interna, armonía, buenas relaciones, riqueza, etc. parecen un ideal lejano, incluso una fantasía, o algo reservado para unos cuantos. ¡Pero nada más lejos de la verdad!

Cuando usted, en medio de un día ordinario, decide decir conscientemente “YO SOY paciencia” en lugar de reaccionar; “YO SOY comprensión” en lugar de juzgar; “YO SOY fortaleza” en lugar de rendirse, algo comienza a cambiar, poco a poco, pero notablemente. Se empieza a vislumbrar entonces una verdad que siempre ha estado presente: usted no está separado de lo Divino.

Usted es una expresión de ello. Y desde ahí, la vida deja de ser únicamente algo que sucede, para convertirse en algo que se crea con intención. Despertar a la noción de que ser hija o hijo del Creador no es una idea simbólica, sino una condición viva, nos devuelve a la dignidad por el simple hecho de estar aquí, y, desde ahí, a ser receptáculos de lo que por esta sencilla pero profunda naturaleza nos corresponde: una vida hermosa, elevada, bondadosa, creativa y próspera.

Cuando tenga un momento de conciencia —aunque sea breve—, deténgase. Respire. Y recuerde: usted tiene en sus palabras y en la forma en cómo se siente una llave de oro. Úsela con amor. Úsela con verdad. Afirme la verdad de su Yo SOY, para traer por entero las virtudes de Dios a su vida.

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