Hannah de Lamadrid, la favorita que nadie alcanza en Coyoacán .En los pasillos de la política chilanga ya se da casi por hecho: en Coyoacán, Morena tiene nombre y apellido… y es Hannah de Lamadrid. Aunque el partido guinda definirá candidaturas hasta septiembre, las encuestas ya empezaron a marcar tendencia, y no es menor. Gobernarte, Demotáctica, Arias, Massive Caller, OpinarT, Algoritmo, Cripeso… todas coinciden en lo mismo: De Lamadrid va arriba y no por poquito, sino por doble dígito frente a su más cercano competidor, Carlos Castillo. Y en estos tiempos donde la política se mide en gráficas, los números pesan. Del otro lado, Castillo —diputado federal y con respaldo desde la Secretaría de Bienestar— no termina de despegar. Ni el músculo institucional ni el presupuesto parecen suficientes para posicionarlo en una alcaldía con características muy particulares: clase media, voto informado y un bastión panista que no es fácil de doblar. Por eso, entre café y café en los círculos políticos, se empieza a repetir la misma idea: si Morena quiere dar pelea real en Coyoacán, su mejor carta vuelve a ser Hannah. Su perfil como activista, cercana a causas sociales —especialmente de mujeres e infancias— le ha dado entrada natural en el electorado afín a Morena. Pero hay otro factor que no pasa desapercibido: el apellido. De Lamadrid resuena también en sectores más conservadores, esos que, elección tras elección, terminan inclinando la balanza en la demarcación. Así que, mientras el calendario oficial avanza lento, en la política real la carrera ya empezó… y por ahora, hay quien simplemente no está logrando alcanzarla.
En la Sultana del Norte, dicen los que saben que quien ya se siente tocado por la mano de Dios —o mejor dicho, por la “Presidenta con A”— es Francisco Javier “El Abuelo” Cruz. El ídolo de la tribuna rayada anda pregonando a los cuatro vientos que él es el “bueno” para buscar la silla de la capital regia. Tan seguro está de que la marca oficial lo llevará en hombros, que ya anda armando su “once ideal” para la campaña. Habrá que ver si el histórico mundialista ya aprendió que en la política los penaltis se cobran con colmillo y no solo con fuerza, porque una cosa es burlar defensas en el césped y otra muy distinta es no salir goleado en las encuestas. ¿Sabrá de urbanismo o creerá que los baches se tapan con un buen centro al área?
La diputada Laura Ballesteros presentó una iniciativa para modificar el artículo 1 y ampliar la lista de motivos de discriminación. ¿La apuesta? Incluir tres conceptos que hasta ahora no están explícitos: corporalidad, apariencia física y peso corporal. Traducido al lenguaje político: que discriminar a alguien por su cuerpo ya no quede en zona gris, sino que esté claramente prohibido a nivel constitucional. Y es que, según los datos que acompañan la propuesta, casi 1 de cada 4 adultos en México ha sufrido algún tipo de discriminación. Entre los jóvenes, el peso y la estatura aparecen como factores recurrentes. Pero más allá del diagnóstico, lo interesante viene después. Si la reforma avanza, no se quedaría en el papel: el Congreso y los estados tendrían 180 días para armonizar sus leyes, y las autoridades estarían obligadas a diseñar políticas públicas para prevenir y atender este tipo de discriminación. Como suele pasar, la iniciativa ya empezó a dividir opiniones en corto: hay quienes la ven como un paso necesario en materia de derechos, y quienes cuestionan si abrir más categorías en la Constitución es el camino. Lo cierto es que el debate ya está servido… y promete escalar.
Eduardo Verástegui volvió a encender la conversación, ahora al marcar distancia en un tema que mezcla política, religión y geopolítica. Aunque ha mostrado cercanía con Donald Trump, esta vez el punto de quiebre parece ser el reciente cruce en torno a críticas dirigidas al papa León XIV. Para Verástegui, la línea es clara: la fe está por encima del debate político. En un entorno donde el respaldo a liderazgos internacionales suele ser estratégico, tomar distancia por motivos religiosos abre un nuevo ángulo en su posicionamiento. El tema no se queda ahí. En el mismo tablero aparece Javier Milei, quien sigue siendo protagonista de controversias dentro y fuera de Argentina. Las tensiones y declaraciones cruzadas han alimentado versiones, lecturas y, sobre todo, especulación política. En corto, lo que se empieza a leer es un reacomodo: entre apoyos que se enfrían, posturas que se endurecen y una narrativa donde religión, poder y política vuelven a cruzarse. Porque si algo queda claro, es que en este juego no todo es ideología… también hay líneas que algunos no están dispuestos a cruzar.
