Opinión

Infancia: Geografía del Síntoma

Geografía del país
Geografía del país La historia familiar y social son los hilos con los que se teje la identidad.

A menudo caemos en el error de creer que la infancia es un concepto universal, una etapa biológica que se vive igual en cualquier latitud. Sin embargo, la psicología contemporánea y la antropología del desarrollo han comenzado a validar lo que en la práctica clínica sistémica observamos a diario: el entorno cultural y geográfico no solo rodea al niño, sino que lo constituye.

No es lo mismo ser niño en el corazón de la Ciudad de México que en una comunidad rural de Oaxaca o en una metrópoli europea. Por ello, cualquier recomendación terapéutica que ignore la historia familiar y social corre el riesgo de perder su potencia transformadora.

Un estudio fundamental para entender esto es el concepto de “Nicho de Desarrollo”, propuesto por Super y Harkness. Ellos demuestran que el desarrollo infantil está moldeado por tres componentes: el entorno físico y social, las costumbres de crianza reguladas culturalmente y la psicología de los cuidadores.

En una ciudad como la nuestra, el “nicho” está marcado por la prisa, el ruido, el confinamiento en departamentos y una red familiar que, aunque presente, vive fragmentada por las distancias.


El síntoma del niño en la capital —quizás una ansiedad por separación o una hiperactividad— debe leerse como una respuesta a esa geografía específica de la saturación.

Cuando las recomendaciones de crianza se importan sin filtros, corremos el riesgo de patologizar comportamientos que son, en realidad, adaptaciones culturales.

Por ejemplo, la autonomía que se le pide a un niño en un entorno rural, donde el contacto con la naturaleza y el riesgo controlado son parte del día a día, es distinta a la vigilancia extrema que un padre citadino ejerce por miedo a la inseguridad. Si el terapeuta no abraza esta perspectiva cultural, termina exigiendo a la familia cambios que chocan con su realidad de supervivencia.

La historia familiar y social son los hilos con los que se teje la identidad. Un niño en México carga con las lealtades invisibles de un sistema que ha vivido transiciones migratorias del campo a la ciudad, o que guarda memorias de resiliencia ante crisis económicas.

Estos factores no son “ruido” en el diagnóstico; son la base del tratamiento. La vanguardia en salud mental infantil propone que el tratamiento debe ser un traje a medida. No se trata solo de qué tiene el niño, sino de dónde está parado y quiénes caminaron antes que él.

En C7 Salud Mental, nos alejamos de las etiquetas estandarizadas para mirar el mapa completo. Entendemos que sanar requiere revisar la historia de la familia y el código de la geografía que habitan. Al integrar la perspectiva cultural, dejamos de ver al síntoma como un fallo y empezamos a verlo como una pieza de un rompecabezas social que necesita ser reordenado con contexto. Sin perder de vista el gran potencial que muchas veces tiene.

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