Opinión

Menopausia, la etapa invisible de millones de mujeres

Menopausia y alimentación
Menopausia De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más de una cuarta parte de las mujeres mexicanas tiene 45 años o más.

En una sala de espera de cualquier centro de salud público, una mujer de poco más de 50 años intenta explicar lo que le ocurre: no duerme bien, siente calor repentino aun en días fríos, se cansa más de lo habitual y a veces pierde la concentración, sale de la consulta con respuestas vagas: “es la edad”, “es normal”, “ya se le va a pasar”. Lo que rara vez recibe es información clara sobre una etapa que atraviesan millones de mexicanas y que, sin embargo, permanece casi ausente de la conversación pública: la menopausia.

Durante décadas, la política sanitaria en México ha puesto un fuerte énfasis en la salud materna, la anticoncepción y la atención del embarazo, pero ese enfoque ha tenido un efecto secundario poco discutido: la salud de las mujeres parece diluirse cuando termina la etapa reproductiva; como si después de la fertilidad comenzara una zona silenciosa, sin nombre ni prioridad institucional.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más de una cuarta parte de las mujeres mexicanas tiene 45 años o más, edad en la que comúnmente inicia el climaterio; al mismo tiempo, la esperanza de vida femenina supera los 75 años, lo que significa que muchas vivirán tres décadas después de la menopausia.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2023, ha documentado que en estas edades aumentan padecimientos crónicos como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares, principales causas de muerte en el país; a su vez la Organización Mundial de la Salud ha señalado que la menopausia debe abordarse desde una perspectiva de curso de vida, reconociendo que los cambios hormonales interactúan con condiciones sociales, laborales y emocionales que influyen en la salud a largo plazo.


Sin embargo, la experiencia cotidiana dista de ese enfoque integral, y muchas mujeres llegan a esta etapa sin información previa, sin espacios para resolver dudas y, en ocasiones, sin acompañamiento médico suficiente; los síntomas (bochornos, insomnio, ansiedad o cambios en el estado de ánimo) suelen minimizarse o atribuirse únicamente al estrés, y el resultado es una vivencia individualizada de un proceso colectivo.

Teresa Ramos Arreola, directora general del Centro Nacional de Equidad de Género, Salud Sexual y Reproductiva
Opinión Teresa Ramos Arreola, directora general del Centro Nacional de Equidad de Género, Salud Sexual y Reproductiva (Cortesía)

El silencio no es casual, durante generaciones, la menopausia fue relegada al ámbito privado, casi como un asunto avergonzante, si la menstruación tardó décadas en dejar de ser tabú, el fin de la vida reproductiva aún carga con estigmas asociados al envejecimiento femenino y a la pérdida simbólica de valor social.

Esta invisibilidad tiene consecuencias concretas. Coincide, además, con una etapa de intensa actividad laboral y familiar: muchas mujeres entre los 45 y 55 años sostienen económicamente hogares, cuidan a hijos adolescentes o adultos y, al mismo tiempo, acompañan el envejecimiento de sus propios padres.

Hablar de menopausia no significa convertir un proceso natural en enfermedad. Significa reconocer necesidades reales de información, prevención y acompañamiento en una sociedad que envejece aceleradamente.

Porque detrás de cada estadística hay historias concretas: mujeres que siguen trabajando, cuidando, sosteniendo comunidades y proyectos de vida mientras atraviesan cambios físicos y emocionales poco comprendidos. Ignorar esta etapa no la vuelve menos relevante; únicamente la vuelve más solitaria.

En México, la acción en favor de la menopausia ha empezado a reconocerse como parte del curso de vida de la mujer, dentro de programas de salud reproductiva y salud de la mujer, se han realizado acciones de capacitación del personal de salud, e iniciado trabajos en la parte normativa.

Además, ya ha iniciado un reconocimiento político del tema como asunto de salud pública, se están organizando espacios técnicos con la participación de especialistas en salud, legisladores y sociedad civil que buscan generar bases para futuras reformas legislativas.

Aún existen brechas importantes en política, atención y reconocimiento social, lo que motiva al sistema de salud a elaborar propuestas que vayan paulatinamente disminuyendo estas brechas.

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