Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI, se lanzó con todo y pidió a Estados Unidos que Morena sea declarada organización terrorista por presuntos vínculos con el crimen organizado. La jugada suena ruda, perfecta para generar polémica y con olor a misil político, pero también entra en la categoría de ‘escupir al cielo’. Porque si Washington empieza a revisar partidos mexicanos bajo lupa criminal como pide el PRI, quizá no solo voltee hacia los miembros incómodos del gobierno. En política, todos presumen casa limpia, hasta que alguien prende la luz del archivo.
Geraldine Bonilla Valverde, gobernadora interina de Sinaloa, se halla en medio de un fuego intenso... de violencia política de género, presión institucional y el cuestionamiento de si tiene margen real para gobernar mientras la violencia domina la agenda. Y para muestra, basta mencionar que en Culiacán, sujetos armados atacaron un cortejo fúnebre, con saldo de dos muertos y tres heridos, a pesar del operativo reforzado. Esto solo confirma que una cosa es ocupar el despacho, y otra muy distinta, controlar el territorio.
Mario Delgado, secretario de Educación Pública, recibió tarea directa de la presidenta Claudia Sheinbaum: crear una propuesta para democratizar la elección del próximo director del IPN. La idea suena bien, hasta elegante, pero el Poli no solo pide urnas y consultas, también arrastra reclamos por falta de materiales, fallas operativas y austeridad. Si la comunidad participa de verdad, puede abrirse una etapa distinta. Si no, será otra consulta bonita para la foto. En el IPN, como en laboratorio, la fórmula tendrá que comprobarse.
