Opinión

En la Esquinca de Dos Calles: El valor de estar presentes en la era de las pantallas

Se ha vuelto común observar reuniones familiares donde cada integrante permanece absorto en su teléfono

Cancelar proceso de líneas de celular.
Nadie podría negar los enormes beneficios de la tecnología. Gracias a ella, hoy es posible comunicarse de inmediato (Foto: Freepik) (KIENGCAN/Freepik)

Recientemente, profesores y especialistas de la Yale University han vuelto a poner sobre la mesa un tema que parecía impensable hace apenas algunos años: la necesidad de limitar, e incluso prohibir, el uso de teléfonos celulares dentro de las aulas, y defender el valor insustituible de las clases presenciales. Diversos estudios y análisis académicos han advertido que el uso constante de dispositivos móviles afecta la atención, disminuye la participación y debilita la capacidad de concentración de los estudiantes.

¡Imagínese usted! No han pasado ni dos décadas desde que los teléfonos inteligentes se convirtieron lo cotidiano y hoy, los académicos más reconocidos del mundo comienzan a alertar sobre las consecuencias negativas de su uso excesivo y desordenado. Lo que en un principio se presentó como una herramienta extraordinaria para acercar el conocimiento, agilizar procesos y facilitar innumerables actividades humanas, también ha empezado a mostrar un rostro preocupante: el de una sociedad cada vez más distraída, menos reflexiva y, en muchos casos, menos humana.

Nadie podría negar los enormes beneficios de la tecnología. Gracias a ella, hoy es posible comunicarse de inmediato, acceder a información en segundos y resolver tareas que antes tomaban horas. Las tecnologías de la información y la comunicación han revolucionado la medicina, la ciencia, el comercio, la educación y prácticamente todos los ámbitos de la vida. El problema no es la tecnología en sí misma, sino el lugar que se le está permitiendo ocupar en la existencia cotidiana. Porque cuando un dispositivo comienza a reemplazar funciones esenciales de la mente humana, entonces conviene detenerse a pensar.

Conversar sin interrupciones, escuchar con atención, mirar a los ojos, aprender a apreciar, construir ideas propias, son acciones que se ven afectadas por la tecnología. Hoy, muchos jóvenes tienen enormes dificultades para sostener una conversación cara a cara sin mirar constantemente una pantalla. Se ha vuelto común observar reuniones familiares donde cada integrante permanece absorto en su teléfono.


En las aulas se ha comenzado a notar que los estudiantes pierden rápidamente la concentración, consultan redes sociales mientras toman clases o simplemente ya no desarrollan la paciencia necesaria para profundizar en una lectura o en una reflexión compleja. Y quizá ahí radique uno de los mayores riesgos de esta época, porque el pensamiento crítico no surge de la prisa, sino de la observación. Resulta sumamente significativo que universidades de enorme prestigio comiencen a reconsiderar el uso irrestricto de dispositivos en las aulas.

De acuerdo a estos investigadores, retirar los celulares durante las clases mejora el rendimiento académico, aumenta la participación y genera ambientes más tranquilos y respetuosos para aprender. Y los eventos presenciales adquieren un nuevo valor en este contexto. Aprender implica convivir, debatir, escuchar otras voces, compartir experiencias humanas y construir vínculos reales. Aún estamos a tiempo de reflexionar sobre ello.

Tal vez el verdadero desafío de esta generación no sea producir más tecnología, sino aprender a usarla sin perder aquello que nos hace humanos con valores. Las nuevas generaciones merecen crecer con herramientas digitales, sí, pero también con la posibilidad de desarrollar estos valores y capacidades, sobre todo, la capacidad de estar presentes en la vida.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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