Parece que en Morena tuvieron que salir rápido a apagar el incendio diplomático. Luego de que el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, cuestionara públicamente un pronunciamiento en respaldo a Raúl Castro, el vocero de la bancada morenista, Arturo Ávila, aclaró que la postura no representaba oficialmente al Grupo Parlamentario de Morena.
Ávila explicó que los posicionamientos oficiales únicamente se emiten mediante canales institucionales y que las expresiones realizadas por legisladores o grupos de amistad corresponden a opiniones personales amparadas en la libertad de expresión.
Pero el tema no terminó ahí. Tras la aclaración, Landau compartió en redes el propio comunicado firmado por Arturo Ávila, dejando abierta la polémica sobre quién asume realmente el costo político del mensaje.
Además, comenzó a circular otro señalamiento: que el pronunciamiento sí habría sido impulsado desde el Grupo de Hermandad México-Cuba en la Cámara de Diputados, encabezado por las morenistas María Magdalena Rosales Cruz y Dolores Padierna.
En otras palabras: mientras Morena intenta marcar distancia institucional, en Washington ya tomaron nota de quiénes promovieron el mensaje.
La Secretaría de Relaciones Exteriores anunció con bombo y platillo el ascenso de cuatro integrantes del Servicio Exterior Mexicano al rango de embajadora y embajador, destacando sus méritos y trayectoria diplomática.
Los nombramientos recaen en Jonathan Chait Auerbach, Ana Berenice Díaz Ceballos Parada, Jennifer Sophie Catherine Feller Enríquez y Claudia Velasco Osorio.
Pero en círculos diplomáticos no tardaron en recordar un detalle incómodo: esos ascensos ya habían sido anunciados desde marzo de 2024 por la entonces canciller Alicia Bárcena mediante el boletín 100 de la SRE, aunque nunca se concretaron en el tramo final del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Ahora, bajo la gestión de Roberto Velasco, el anuncio revivió como si se tratara de una decisión completamente nueva. En diplomacia dicen que las formas importan… y en este caso, algunos ven más reciclaje administrativo que renovación.
A Esthela Damián le salió caro el intento de acercamiento con Guerrero. La ex titular de la Consejería Jurídica federal y aspirante de Morena a la gubernatura enfrentó una ola de críticas en redes y entre voces locales luego de que circularan imágenes donde batalla para seguir el tradicional baile de “La Iguana”.
Lo que parecía un momento folklórico terminó convertido en munición política. Usuarios comenzaron a cuestionar su arraigo en el estado y la acusaron de hacer “turismo electoral” rumbo a la sucesión guerrerense.
Las críticas no se quedaron solo en el baile. También reapareció el debate sobre qué tan vinculados están realmente algunos aspirantes con las entidades que buscan gobernar, especialmente en Morena, donde varias figuras federales han comenzado a moverse rumbo a las elecciones locales.
En Guerrero, donde las tradiciones pesan políticamente casi tanto como los discursos, no saber seguir el zapateado terminó convirtiéndose en símbolo de desconexión para sus adversarios y críticos.
