En el marco del Día Internacional de la Higiene Menstrual, hablar de menstruación digna implica reconocer mucho más que un proceso biológico; significa hablar de derechos, bienestar, igualdad, educación y justicia social; también implica reconocer que, durante muchos años, la menstruación permaneció rodeada de silencios, estigmas y barreras culturales que limitaron la posibilidad de vivirla de manera informada, libre y acompañada.
La manera en que las personas entienden el cuerpo, la menstruación, la sexualidad y el cuidado está profundamente influida por la cultura; cada sociedad construye valores, conocimientos, tradiciones, símbolos y normas que dan sentido de pertenencia e identidad, y que al mismo tiempo moldean las formas de relacionarse con la salud, las emociones y los procesos corporales; en muchos contextos, estas construcciones culturales han generado mitos y prejuicios alrededor de la menstruación, reforzando ideas de vergüenza, silencio o discriminación que impactan especialmente a niñas y adolescentes.
Por ello, avanzar hacia una menstruación digna requiere transformar no solo el acceso a productos o servicios, sino también las conversaciones, creencias y prácticas sociales que históricamente han invisibilizado el tema; la Educación en Salud Menstrual representa una herramienta fundamental para construir entornos más empáticos, informados e inclusivos, donde las adolescencias puedan comprender sus procesos corporales desde el respeto, la autonomía y el bienestar.

Desde un enfoque centrado en las adolescencias y de curso de vida, es fundamental reconocer que cada persona vive estos procesos de manera distinta, atravesada por su contexto familiar, cultural, económico, territorial y social; las adolescencias no son homogéneas; sus experiencias están marcadas por factores como el género, la pertenencia étnica, la discapacidad, las condiciones de pobreza y las oportunidades de acceso a información y educación.
En este sentido, la Educación Integral en Sexualidad y la Educación en Salud Menstrual no solo brindan conocimientos científicos, sino que fortalecen habilidades para la vida, pensamiento crítico, autoestima, autocuidado y toma de decisiones informadas; asimismo, permiten generar capacidades para que niñas, niños, adolescentes y juventudes ejerzan activamente sus derechos, construyan proyectos de vida y participen en la transformación de sus comunidades.
La Estrategia Nacional por una Menstruación Digna surge precisamente desde esta visión integral e intersectorial, articulando esfuerzos entre instituciones públicas, organismos internacionales, comunidades educativas, personal de salud, colectivas y sociedad civil; este esfuerzo colectivo reconoce que la salud menstrual debe abordarse desde los derechos humanos, la igualdad de género, la inclusión y la pertinencia cultural.
Hablar hoy de menstruación digna en México es abrir espacios para conversaciones históricamente pendientes, es reconocer las voces de quienes durante años impulsaron que la menstruación dejara de ser un tema invisible, y es, sobre todo, reafirmar el compromiso de construir entornos donde ninguna niña, adolescente o mujer viva su menstruación desde la vergüenza, el miedo o la exclusión, sino desde la dignidad, el acompañamiento y el ejercicio pleno de sus derechos.
¡Menstruar es normal, hablarlo también!
