Desde hace siete años, Mezcalería Finca Robles, ubicada dentro de Mercado Roma, ha reunido a amantes del buen beber, foodies curiosos y exploradores culturales en torno a una experiencia que se distingue por su autenticidad.
El secreto está en que no solo ofrecen mezcal: ofrecen la historia detrás de él. Cada destilado proviene de métodos ancestrales que se han mantenido intactos durante más de cuatro generaciones, respetando los tiempos de la tierra y el espíritu del maguey.

Celebrar el presente, honrar el pasado
Ahora, la mezcalería acaba de abrir un segundo espacio en la Condesa, sobre la calle Tamaulipas, para expandir la experiencia. Este nuevo lugar es escenario de catas sensoriales que recorren el país de sur a norte, reuniendo mezcales de distintos estados de la República.
Por muchos años, este saber quedó en casa. El mezcal se compartía en fiestas, rituales, entre vecinos y visitantes que sabían de su existencia. No había un local específico. No se necesitaba.
El valor estaba en lo que representaba: unión, historia, familia. “Pero con el tiempo —y con el crecimiento del interés por el mezcal a nivel nacional e internacional— nos dimos cuenta de algo: si no lo protegíamos, si no le dábamos voz propia, esta tradición podía perderse o ser contada por alguien más, desde lejos y sin conocer su alma”, explica Adair Robles, actual encargado de la mezcalería.

Es una oportunidad única para que los asistentes descubran la diversidad del mezcal más allá de Oaxaca, explorando perfiles, aromas y texturas que forman parte de un mismo lenguaje cultural.
Siete años de origen y sabor
El año pasado, Finca Robles celebró su séptimo aniversario con el orgullo de ser pionera en el arte de beber mezcal en la capital. Sole de la Vega o Oaxaca servido en una copa; es la primera marca de su región en llegar a la CDMX con su propio centro de consumo.
En su barra conviven espadín, tobalá, mexicano, arroqueño, barril, jabalí, tepeztate y ensambles, todos elaborados de manera ancestral con ollas de barro y cocción bajo tierra. Aquí no hay atajos ni artificios: cada copa es el resultado de décadas de observación, práctica y respeto.
“Nuestro abuelo, León Morales, es quien hoy resguarda este legado. Él aprendió de su padre, y su padre del suyo. No hubo escuelas, ni manuales: solo observación, práctica, error y respeto. El mezcal se aprendía viendo y escuchando, no solo al maestro, sino también al agave, al clima, al silencio”, explica Adair Robles.
- Ubicación de sus dos sucursales: Mercado Roma (Querétaro 225, Roma Norte, CDMX) y Av Tamaulipas 136, Col Hipódromo Condesa
