La Cena Imperial celebrada en el Palacio Municipal de Puebla derivó en una velada que combinó historia, protocolo, alta cocina y orgullo local para dar inicio a las actividades de México Gastronómico, Los 250 Mejores Restaurantes de México por Culinaria Mexicana, que se desarrolla en la ciudad a partir de este sábado 31 de enero y hasta el lunes 2 de febrero.

Inspirada en los banquetes del Segundo Imperio Mexicano (1863–1867) —aquellos que Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica utilizaban como una demostración de poder, orden y sofisticación—, la experiencia recreó ese espíritu imperial donde nada quedaba al azar: ni los tiempos, ni los movimientos, ni el mensaje. En aquellas cortes, como se explicó durante la cena, la comida no era solo placer: era control, abundancia y símbolo.
El escenario no pudo ser más elocuente. En pleno Centro Histórico de Puebla, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el Palacio Municipal se convirtió en un salón de gala donde la ciudad habló a través de su arquitectura, su historia y, sobre todo, de su cocina. A unos pasos de la Catedral, la Biblioteca Palafoxiana y un conjunto de más de dos mil monumentos históricos, Puebla se reafirmó como una capital cultural y gastronómica.

La velada fue también un acto inaugural cargado de gratitud y reconocimientos. Autoridades estatales y municipales, chefs invitados nacionales e internacionales, periodistas especializados y creadores de contenido se reunieron para celebrar no solo una cena, sino doce años de un proyecto editorial y gastronómico que hoy reúne a lo más destacado de la cocina mexicana. Puebla, como se repitió a lo largo de la noche, no fue solo sede: fue aliada.

Un menú que dialoga con la historia
El recorrido gastronómico fue diseñado como una narrativa en seis tiempos, ejecutada por cocinas poblanas emblemáticas y acompañada de maridajes que subrayaron el carácter ceremonial de la noche.
La apertura llegó desde Augurio, con un paté de ostión ahumado, chilate, brioche y quelites, delicado y profundo, acompañado por Champagne Louis Roederer Collection. Un inicio elegante que marcó el tono de la velada.

El segundo tiempo, a cargo de Moyuelo, rindió homenaje a la cocina popular elevada al ritual: molote de requesón bandera, servido con salsa roja y verde, pensado para comerse con la mano, como dicta la tradición, y maridado con cerveza Tempus Maple.
Desde Mural de los Poblanos, el tercer tiempo evocó uno de los grandes símbolos de Puebla: el taco árabe, presentado en versión mini con jocoque seco preparado y salsa de chipotle, acompañado por Tequila Herradura Selección Suprema.

El cuarto acto llevó la mesa al terreno del mestizaje profundo. CasaReyna presentó un mixiote de huachinango con nopales, servido en un molcajete diseñado especialmente para la ocasión, maridado con Lusco Albariño 2023.

La contundencia llegó con La Noria y su medallón de filete de res en hojaldre, mole poblano, espiral de plátano y puré de camote, acompañado por Casa Madero Shiraz 2023. Un plato que condensó siglos de historia culinaria poblana en un solo bocado.
El cierre, desde Macuitl Molino, fue un ejercicio de técnica: tamal de chocolate, salsa de chocolate con hoja de higo, xoconostle calcificado y fruta de temporada, acompañado por un Espresso Martini con vodka premium, una despedida contemporánea para una cena anclada en el pasado.
Puebla, capital gastronómica por convicción
Más allá del protocolo y los discursos, la cena dejó claro el mensaje: Puebla se asume como un destino gastronómico de primer nivel, no solo por su herencia —moles, pipianes, chiles en nogada— sino por la manera en que dialoga con el presente.

Durante los próximos días, los 250 restaurantes seleccionados convivirán en una agenda intensa que promete convertir a la ciudad en el epicentro de la conversación culinaria nacional.
Y todo comenzó aquí, con una mesa larga, tiempos exactos y una cena que, como en las cortes imperiales, habló de poder… pero también de identidad.
