Un buen ramen tiene algo de ritual, el vapor que se eleva del tazón, el caldo profundo que se cocina durante horas y ese primer sorbo que, sin exagerar, puede transportarte a otro lugar.
Esa es justamente la sensación que busca provocar Janken Menya Ramen, un pequeño restaurante en Polanco que apuesta por la esencia del ramen japonés preparado con paciencia, técnica y respeto por los ingredientes.
Ubicado en Galileo 31, a unos pasos del metro Polanco en la Ciudad de México, este lugar se suma al cada vez más competitivo panorama gastronómico de la capital con una propuesta clara, servir ramen artesanal que funcione como auténtica comfort food, es decir un tipo de cocina casera que proporciona bienestar emocional y nostalgia

El concepto se inspira en las tradicionales menya o casas de ramen japonesas, espacios sencillos donde lo más importante está en el tazón.
El nombre del restaurante proviene de janken, el clásico juego japonés de piedra, papel o tijera y refleja el espíritu relajado y accesible del lugar.
Aquí no hay pretensiones, sino un ambiente cálido y urbano que invita a sentarse, pedir algo para compartir y disfrutar con calma.
Un menú pensado para abrir el apetito
Nuestra visita comenzó con algunas de las entradas que ayudan a preparar el paladar.
Primero llegó un tofu con miso picante y cebollín, suave y cremoso, con ese toque de picante que despierta el apetito sin opacar los sabores.

La mesa se completó con unas gyozas rellenas de cerdo y jengibre, doradas por fuera y jugosas por dentro, pensadas claramente para compartir.
El chef ejecutivo Paúl Sánchez explica que en Janken Menya cada preparación se hace desde cero.
“Nos gusta potenciar los sabores. Para lograrlo dejamos los fondos cocinarse el tiempo que sea necesario, uno, dos o hasta tres días. Todo lo hacemos aquí: los aceites, los fondos, incluso los aceites de chile”, comenta.

El momento estelar
Pero el verdadero protagonista llega con el ramen.
El más representativo es el Chashu Aka Tonkotsu, la versión picante del clásico caldo de cerdo tonkotsu. El tazón llega humeante, con un caldo intenso que revela las largas horas de cocción.
El chashu de cerdo es suave y jugoso, casi se deshace al contacto con los palillos.

Se acompaña con maíz, cebolla morada encurtida y un aceite de chile que aporta profundidad y un picor agradable que no abruma. Los fideos absorben perfectamente el caldo, logrando un equilibrio que hace difícil detenerse.
El ramen viene acompañado de un huevo, como si fuera pochado, es un huevo hecho en un baño de agua con vinagre y sal, el cual se recomienda degustarlo junto con el caldo y su exquisito arroz que viene como complemento.
“Buscamos que cuando alguien pruebe el ramen sienta ese sabor concentrado, fuerte, que realmente sepa a cerdo. Como dice el chef Marcelo, que te lleve a Japón sin tener que tomar un avión”, explica Sánchez.
Para acompañar, la recomendación de la casa es una cerveza japonesa Sapporo, que con su frescura ayuda a balancear la intensidad del ramen y limpia el paladar entre bocado y bocado.

El sello de Marcelo Hisaki
Detrás de este proyecto está el chef Marcelo Hisaki, un cocinero mexicano de ascendencia japonesa que ha construido una sólida trayectoria dentro de la gastronomía nacional.
Hisaki es conocido por ser uno de los portavoces de la cocina bajacaliforniana contemporánea, caracterizada por su juego de texturas, equilibrio de sabores y emplatados cuidadosamente pensados.
Su formación lo llevó incluso a Francia y Mónaco como becario de la Fundación Turquois, donde perfeccionó su técnica en instituciones como el Liceo Hotelero y Restaurantero y restaurantes de Monte Carlo.
De regreso en México, abrió en 2013 el Restaurante Amores en Tecate junto a su esposa, la chef Reyna Venegas. Hoy, con Janken Menya, explora una faceta más personal ligada a sus raíces familiares japonesas.

Un ramen que conquista paladares
A poco más de un año de su apertura, el restaurante ha tenido buena recepción entre comensales locales y visitantes internacionales.
Según el chef Paul Sánchez, muchos clientes japoneses que han pasado por el lugar han destacado especialmente el fondo de cerdo del tonkotsu, considerado el corazón del ramen.
“El Chashu Aka Tonkotsu es el más popular. Aunque es picante, a la gente le encanta y hasta piden que lo hagamos más picoso”, comenta.
La recomendación para quienes visitan por primera vez es simple: gyozas al centro, un buen ramen y una cerveza fría. Una combinación sencilla que resume perfectamente el espíritu de este lugar.

Un nuevo refugio
De esta forma, Janken Menya Ramen encuentra su lugar apostando por algo esencial, sus ingredientes frescos, caldos cocinados con paciencia y una grata experiencia.
Cabe señalar, que no es un restaurante ostentoso ni pretende serlo. Más bien se siente como esos pequeños locales de Tokio donde lo importante no es el tamaño del lugar, sino el sabor que queda en la memoria.
Y después de probar su ramen, queda claro que este pequeño rincón de Polanco tiene todo para convertirse en una parada obligada para quienes buscan un tazón reconfortante y auténtico en la Ciudad de México.



