Con la duodécima edición de Sabor es Polanco como escenario, la Ciudad de México reafirmó su lugar como capital gastronómica de América Latina durante la primera jornada de un festival que ya es toda una tradición.
En el primer día de actividades se pudo disfrutar de una larga oferta de catas guiadas, presentación de platillos y etiquetas, ponencias y, por supuesto, de diversas masterclass.
Una experiencia culinaria más cercana
Y es que si por algo es reconocido este festival gastronómico es por ser una de las mejores oportunidades para estar cerca —y aprender— de los expertos del arte culinario.
Este año, el programa de catas y master clases se posicionó nuevamente como uno de los principales motivos para asistir.
Tuvimos oportunidad de presenciar una de las más esperadas por el público: la de la chef Itzel Paniagua, finalista de MasterChef México, quien desde su participación en el concurso ha construido un proyecto propio con un enfoque cultural e interactivo, fiel a una filosofía clara: un cocinero se convierte en artista cuando tiene algo que decir a través de sus platillos.
Junto al chef Rodrigo Pacheco, Paniagua condujo una sesión de una hora —de 14:00 a 15:00 horas— en la que demostró que la cocina de autor no tiene por qué ser inaccesible.
El menú elegido fue una declaración de intenciones: la tostada de atún, servida con arúgula, vinagre balsámico y mayonesa hecha en casa, fue el arranque fresco y preciso que marcó el tono de la tarde.
Le siguió el taquito Pacheco, relleno de chivo ahumado y hoja santa, ese guiño lúdico al cocinero invitado y prueba de que lo popular puede ser sofisticado con la técnica correcta.
El plato más comentado de la sesión fue, sin duda, la pasta Van Gogh: un homenaje visual y gustativo al artista que da nombre a la nueva línea de equipamiento con la que trabajó la chef durante toda la demostración.
El formato resultó uno de los aciertos del festival: íntimo, sin barreras entre el público y la cocinera, con espacio para preguntas y para ese humor natural que caracteriza a Paniagua frente a los fogones.
Cuando el diseño también cocina
Detrás de cada platillo estuvo presente el equipamiento de Teka, marca que en este festival presentó su nueva línea Van Gogh: una colección que nació de una colaboración con el Museo Van Gogh y que toma como punto de partida el primer boceto del célebre florero de girasoles que el pintor neerlandés realizó en 1889.
El resultado es una gama completa —hornos, parrillas y campanas— de diseño atemporal que, según explica la propia marca, busca que la cocina sea el corazón emocional del hogar: “el lugar donde se cocina la vida”.
La pieza más llamativa de la línea es su horno, capaz de alcanzar los 700 grados centígrados gracias a una salamandra que distribuye calor de forma simultánea por ambos lados de la proteína.
El efecto es inmediato, pues los jugos internos de la carne se sellan sin escapar, y en entre 15 y 20 minutos es posible obtener cortes de calidad de restaurante. La campana extractora, por su parte, completa una propuesta en la que el rendimiento técnico y la estética conviven sin sacrificar ninguna de las dos.
Una fusión, en suma, que cuadra bien con el espíritu de Sabor es Polanco: arte y gastronomía compartiendo el mismo fuego.