Caminar entre los jardines de Campo Marte durante el primer día de Sabor es Polanco es entender por qué este encuentro se ha convertido en una de las citas gastronómicas más esperadas del año.
Desde el mediodía, el ambiente se transforma en una especie de ruta culinaria donde cada paso conduce a un aroma distinto, a una copa servida o a un pequeño bocado capaz de resumir la esencia de un restaurante.

En su edición 2026, el festival reúne a más de 75 restaurantes y alrededor de 220 expositores, una mezcla que convierte el espacio en un gran escaparate de lo que hoy define la gastronomía de la ciudad y del país.
La dinámica es sencilla: recorrer, probar y descubrir. Degustaciones, catas y experiencias culinarias incluidas en el boleto permiten a los asistentes ir de un stand a otro como si se tratara de una peregrinación para encontrarse con lo mejor de la escena gastronómica actual.

Durante el primer día se pudo observar que el festival ya no es solo una reunión de restaurantes, sino un punto de encuentro donde conviven tradición, cocina contemporánea y propuestas internacionales.
Este año, por ejemplo, la presencia de chefs invitados de otros países amplía el panorama culinario del evento. Entre ellos se encuentra el argentino Gonzalo Aramburu, quien llegó para mostrar una visión distinta de la cocina de su país, más allá de los cortes de carne que suelen ser conocidas mundialmente.
A lo largo del día, el recorrido también revela la diversidad de estilos que conviven en el festival: desde propuestas de fine dining hasta restaurantes con décadas de historia.

Algunos espacios apuestan por reinterpretaciones de la cocina mexicana, mientras otros presentan platillos emblemáticos de sus menús para que el público tenga un adelanto de su cocina en formato degustación.
Además de los platillos, el programa del festival suma experiencias pensadas para ir más allá del simple acto de comer. Catas guiadas de vino, sesiones con sommeliers, talleres de pizza, mixología o degustaciones de café forman parte de una agenda que busca que los asistentes también aprendan y experimenten con los sabores.

Entre los momentos destacados de esta edición fue el reconocimiento que se hizo a Martha Ortiz, una de las figuras más influyentes en la difusión de la cocina mexicana contemporánea, cuya trayectoria fue celebrada dentro del festival.
El resultado es un ambiente que mezcla lo festivo con lo gastronómico. Copas que chocan, cocinas trabajando sin pausa y filas que se forman frente a los stands más populares dibujan una escena donde la comida se vuelve el centro de la conversación.

Guanajuato, como estado invitado, es una parada que no se puede perder para conocer todo lo que ofrece en materia de vinos, destilados, productos artesanales y, por supuesto, su cocina tradicional.
Al final, el primer día de Sabor es Polanco deja una sensación clara: más que un festival, es una especie de radiografía de la gastronomía actual. Un lugar donde en unas cuantas horas se puede recorrer —a través de pequeños bocados— buena parte de lo que está marcando tendencia en la cocina de la ciudad y en otros lugares del país y del continente.
