Interiorismo

El escenario de un siglo: arte, memoria y arquitectura en Mérida

Mansión Xodó no se define simplemente como un alojamiento, sino como un escenario de autor donde la hospitalidad de ultralujo se fusiona con una experiencia cultural profunda

Mansión Xodó
Entre las intervenciones más disruptivas destaca la piscina. (Cortesía)

Al cruzar el umbral sobrio de su fachada porfiriana en la emblemática Calle 57, se revela un microcosmos donde el rigor de la mampostería histórica y la vanguardia del arte contemporáneo habitan en absoluta armonía.

En esta casona del siglo XIX, la estancia se transforma en un diálogo sensorial; es el privilegio de habitar una residencia que es, simultáneamente, una galería de clase mundial.

Mansión Xodó
Los pisos de mosaico de pasta originales forman tapetes históricos bajo los pies. (Cortesía)

El diálogo de una restauración disruptiva

La restauración de este recinto de más de 2 mil 500 metros cuadrados de construcción fue liderada por la arquitecta Guiomar Peniche, de Utópica Estudio, quien planteó un desafío a las convenciones regionales.

El proyecto evitó las fórmulas predecibles para abrazar un eclecticismo global donde piezas orientales y elementos europeos conviven con la piedra original de la región. En lugar de desmantelar el pasado de la casa, Peniche optó por elevar lo que originalmente era una amalgama exótica de estilos —un “estuche de monerías”— hacia un diálogo curatorial sofisticado y contemporáneo.


Mansión Xodó
Los techos de seis metros de altura permiten que la luz bañe los muros de mampostería expuesta. (Cortesía)

La arquitectura de la mansión se experimenta a través de la escala y la materialidad. Los techos de seis metros de altura permiten que la luz bañe los muros de mampostería expuesta, mientras que los pisos de mosaico de pasta originales forman tapetes históricos bajo los pies.

Entre las intervenciones más disruptivas destaca la piscina, que abandonó su estética convencional para convertirse en un claustro sevillano de columnas toscanas, un oasis de quietud diseñado para la introspección absoluta.

El arte como residencia: una curaduría habitable

En Xodó, el arte no es un accesorio; es el alma que dota de identidad a cada escenario. Al hospedarse, el viajero se convierte en un residente temporal de una colección privada que incluye a los protagonistas más relevantes del panorama contemporáneo internacional.

El recorrido inicia en el zaguán con una réplica de la Estela de Quiriguá, un fragmento de la historia maya del año 771 d.C. que custodia la entrada a la experiencia presente.

En el interior, la curaduría invita a una contemplación activa: desde las exploraciones sobre el tiempo de Gonzalo Lebrija y el activismo escultórico de Pedro Reyes, hasta la persistencia de la memoria en los collages de Elena Damiani y la irreverencia del Dr. Lakra . La curaduría se completa con nombres como Elena Damiani, Carlos Amorales y Sofía Táboas.

Cada pieza ha sido seleccionada para dialogar con los espacios, creando umbrales sensoriales donde el diseño se vuelve una vivencia táctil.

Mansión Xodó
La arquitectura de la mansión se experimenta a través de la escala y la materialidad. (Cortesía)

Escenarios privados: el mundo en seis estancias

La narrativa de la mansión se extiende a sus seis exclusivas suites, diseñadas no como espacios temáticos literales, sino como sofisticadas abstracciones de culturas globales.

La suite Colosal: Definida por su lujo neoclásico, es un refugio de introspección máxima que culmina en un patio privado con fuente y sauna.

Inspiración global: Habitaciones que rinden homenaje al arte griego clásico, la estética japonesa wabi-sabi y el Art Decó yucateco, asegurando que cada espacio ofrezca una atmósfera de belleza contenida.

Este resort urbano redefine el confort a través de una “coreografía invisible” de servicio. Aquí, el lujo más refinado es la libertad de no tener que preocuparse por nada, ya que la hospitalidad se anticipa de forma intuitiva a los deseos del huésped.

Ya sea disfrutando de un menú diseñado a medida por un chef privado o descubriendo el secreto del speakeasy oculto tras la biblioteca, la experiencia fluye sin interrupciones.

El nombre “Xodó”, afecto profundo en portugués, captura la esencia del proyecto: el compromiso de rescatar la belleza del tiempo para convertirla en una herencia personal. Mansión Xodó es, en última instancia, el destino donde la arquitectura y el arte convergen para demostrar que habitar la historia es la forma más elevada de la cultura contemporánea.

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