Turquía es un país fascinante, visitarlo, es atisbar a un pasado esplendoroso visible en algunas de sus edificaciones, en su comida, en sus ricas piezas artesanales o tomando un paseo por el Bósforo, un punto de encuentro entre Oriente y Occidente, con riberas llenas de palacios, fortalezas otomanas y mansiones, que lo convierte en un icono turístico.

El territorio turco fue la cuna y el centro de algunas de las civilizaciones, imperios y culturas más influyentes de la historia, forjando un legado abarca miles de años, destacando especialmente su papel bajo el Imperio Bizantino y el vasto Imperio Otomano. Imposible no emocionarse cuando se tiene la oportunidad de visitarlo.
Viajar, siempre resultará una experiencia enriquecedora cualquiera que sea el lugar al que vayas, pero un destino que debes incluir en tu lista de deseos es conocer este impresionante país y, particularmente, Estambul, por lo que aquí te contamos algo vital para tu planeación: el punto de partida.
¿Cómo llegar desde México?
La forma más conveniente de hacerlo es por Turkish Airlines, ya que ofrece diversas frecuencias semanales, además de vuelos directos con escala en Cancún, Quintana Roo y una duración de 16 horas en el vuelo de ida y de 14 al regreso a la Ciudad de México.

Cuenta con dos clases, la Economy y la Business, siendo esta última la más recomendable por todas las amenidades que ofrece para que, a pesar de lo largo del trayecto, este se te haga ameno.
A bordo, la cabina Business muestra su amplitud, materiales sobrios y una atmósfera que invita a desconectarse. Los asientos completamente reclinables —que se transforman en cama— harán que el vuelo lo tomes como un descanso real o de relajamiento y no como una transición incómoda entre husos horarios.
El personal de a bordo ofrece un menú para que elijas los platos de tu preferencia, además de la carta de vinos para maridar adecuadamente lo que el chef prepara durante el vuelo.

El servicio de alimentos es realmente extraordinario y, a través de él, puedes descubrir el sabor de Turquía: naranjas de Antalya; higos secos de Aydin; queso blanco de Canakkale; té turco de Rize o el tradicional postre llamado Baklava. Todos estos bocadillos los puedes ordenar en el momento en que lo desees, aparte de los platos fuertes, sopas, ensaladas y postres que sirven a la hora de la comida (o cena) y el desayuno.

En la carta de vinos hallarás whiskies, vodka, Ginebra, Raki (bebida nacional de Turquía) vino blanco, tinto, rosa y champán Taittinger.
Entretenimiento y descanso
Antes de despegar, se entrega un kit de descanso en un estuche de la marca de lujo Lanvin que incluye antifaz, cepillo y pasta de dientes, calcetas, tapones para los oídos... un detalle bastante agradable, además del gesto de que te preparen la cama a la hora de dormir poniendo una manta y una almohada y el asiento lo acomoden en posición plana para dormir a gusto.

Pero en lo que llega la hora de dormir, puedes disfrutar de su enorme pantalla para ver películas o escuchar música, sin molestar a nadie por los audífonos de alta fidelidad que ofrecen para tal fin. Todo está pensado para que el tiempo en el aire se pase, literalmente, ‘volando’.

Sin embargo, lo que realmente define el viaje es el servicio. Hay una hospitalidad que no se siente forzada, sino cultural: una forma de atención cercana, cálida, que convierte la cabina en un espacio cordial y amable dentro de una industria altamente estandarizada.
Volar con escala en Estambul también implica asumir que el viaje es parte de la experiencia global. La aerolínea conecta más destinos que cualquier otra en el mundo, lo que convierte a la ciudad en un nodo natural entre Europa, Asia y Medio Oriente.
De regreso a México, el lounge del aeropuerto de Estambul —uno de los más reconocidos a nivel global— hace muy amena la espera, en primera porque es enorme y con una capacidad estimada en más de mil pasajeros.
Hay estaciones de cocina en vivo, café turco recién preparado, té, bebidas de todo tipo, incluyendo alcohol, vino y cerveza y una oferta gastronómica que mezcla tradición y contemporaneidad, confirmando que la experiencia culinaria es uno de los pilares que distinguen a la aerolínea.
Al final, llegar a Estambul después de volar en Business Class con Turkish Airlines no se siente como aterrizar, sino como continuar una travesía placentera que comenzó horas antes, entre nubes, sabores y silencios bien diseñados. Porque en este caso, el viaje no solo conecta destinos: construye una experiencia que permanece.
