Con la premisa de que el turismo no puede avanzar sin la comunidad, Agustín Olachea, presidente de EMPHROTUR, presentó la iniciativa “Yo Amo La Paz”, una campaña que busca replantear el rumbo del crecimiento turístico en el destino, poniendo en el centro a sus habitantes y su entorno.

Más que un eslogan, explica, se trata de una estrategia que intenta cambiar la percepción sobre el futuro de La Paz. La intención es que el desarrollo turístico no solo sea impulsado por la promoción hacia el exterior, sino que nazca desde el interior, con una comunidad que entienda, respalde y participe activamente en el modelo de crecimiento.
El planteamiento responde a una tendencia global donde los destinos más sólidos son aquellos en los que la población local se apropia del turismo. En ese sentido, “Yo Amo La Paz” busca fortalecer ese vínculo, bajo una lógica en la que el cuidado del medio ambiente y la cohesión social no son opcionales, sino condiciones para sostener el desarrollo a largo plazo.

La campaña arranca como un mensaje, pero está diseñada para evolucionar hacia acciones concretas. El objetivo es generar un consenso entre sector turístico, iniciativa privada, autoridades de los tres niveles de gobierno, academia, organizaciones civiles y ciudadanía, sobre cómo y hacia dónde debe crecer el municipio.
En paralelo, el trabajo de promoción internacional continúa a través de los fideicomisos turísticos financiados por el impuesto al hospedaje, que posicionan experiencias como el nado con tiburón ballena, el avistamiento de lobos marinos en la Isla Espíritu Santo, el kitesurf en La Ventana o la pesca deportiva en Los Barriles. Sin embargo, Olachea insiste en que la experiencia del visitante comienza antes: en la forma en que una ciudad funciona y se vive.

Desde prácticas cotidianas como el respeto al peatón o el orden urbano, hasta la calidad de la infraestructura, la intención es que la vida local se convierta en el principal diferenciador del destino. “Primero hay que voltear a la comunidad”, resume.
Ese sentido de pertenencia, marcado por una condición geográfica casi insular, ha moldeado una identidad que, según el empresario, los paceños defienden con firmeza. De ahí que la campaña busque capitalizar ese orgullo local como motor para preservar lo que distingue al destino.

El equilibrio entre desarrollo económico y sustentabilidad sigue siendo el mayor reto. La postura desde el sector es que cualquier inversión será bienvenida siempre que cumpla con la normatividad ambiental vigente. De lo contrario, advierte, la comunidad actuará como un frente común para evitar proyectos que comprometan el entorno.
En términos de mercado, la estrategia apunta hacia segmentos vinculados con la naturaleza y la aventura —buceo, ciclismo, pesca deportiva—, perfiles que, por afinidad, suelen tener mayor conciencia ambiental y un interés más profundo por el destino que visitan.
La visión, en síntesis, es un crecimiento con identidad. Un modelo donde La Paz pueda expandirse sin diluir aquello que la hace única: su entorno natural, su escala de vida y una comunidad que, más que recibir turistas, busca integrarlos a su forma de habitar el territorio.
