Hay ocasiones en las que salir a comer deja de ser solamente un antojo o una experiencia gastronómica. A veces, un platillo puede convertirse también en una forma de ayudar. Bajo esa idea nace la nueva colaboración entre el chef Javier Plascencia y Mi Gusto Es, quienes durante todo el mes de mayo presentarán una propuesta culinaria cuya venta será destinada íntegramente a una causa social.

La iniciativa gira alrededor de la Tacostada, un platillo de edición limitada cuya recaudación será donada al proyecto Tijuana Sin Hambre, organización enfocada en combatir la inseguridad alimentaria en comunidades vulnerables de la ciudad fronteriza.
Más allá de ser un lanzamiento gastronómico, la propuesta busca convertirse en una herramienta de apoyo comunitario. En este caso, cada orden representa una aportación directa para programas de entrega de alimentos y acciones enfocadas en garantizar acceso a comida digna para familias que enfrentan situaciones de vulnerabilidad.

La Tacostada parte de una idea aparentemente sencilla: unir dos formatos profundamente ligados a la cocina mexicana, el taco y la tostada, dentro de un mismo plato. Pero detrás hay una construcción mucho más pensada. La base crujiente sostiene una capa cremosa de papa que aporta profundidad y suavidad, mientras mariscos, hierbas frescas y elementos cítricos terminan de construir un equilibrio entre frescura y contundencia.
El resultado impresiona por lo preciso de su ejecución que logra la armonía entre todos los ingredientes. Hay sabor a Pacífico mexicano, pero también una intención de crear algo accesible, cercano y capaz de conectar emocionalmente con quienes lo prueban.

Para Javier Plascencia, el proyecto tiene sentido justamente porque logra vincular cocina y propósito social. El chef explicó que le interesa participar en iniciativas donde la gastronomía pueda trascender la experiencia en mesa y convertirse en una forma tangible de apoyo.
En el marco de estos lanzamientos, Mi Gusto Es cumple 23 años y lo hace fiel a su esencia: evolucionar sin perder identidad. La marca lo celebra con el lanzamiento de Kekarreta, un concepto inspirado en las carretas de comida de Mazatlán que recupera ese espíritu de calle, relajado, generoso, compartido, y lo traduce a un lenguaje contemporáneo.
Es una declaración de hacia dónde se mueve la marca: reinterpretar lo que ya nos gusta, jugar con ello y llevarlo a otro nivel sin perder la raíz.

Junto con la Tacostada, el chef de casa, Carmelo Carrillo —mejor conocido como “Carmelito”—, presentó unos camarones embolsados, otro platillo creado especialmente para esta etapa de renovación gastronómica. La propuesta mantiene el espíritu relajado y generoso que ha caracterizado históricamente al grupo, pero con una preparación más contemporánea y experimental.
La causa social no es nueva para la empresa. El año pasado impulsó una colaboración similar junto a Save the Children, donde un platillo de edición limitada logró recaudar más de 130 mil pesos destinados a proyectos sociales.
Iniciativas como esta recuerdan que la cocina todavía puede generar impacto más allá del plato. Porque a veces, detrás de una tostada crujiente, unos mariscos frescos o una receta reinterpretada, también existe la posibilidad de ayudar a que alguien más tenga algo para comer.
