En México, muchas personas comen casi de la misma manera todos los días, sin tomar en cuenta si su jornada será sedentaria, física o mentalmente demandante. El problema es que el cuerpo no gasta la misma energía cuando pasa horas frente a una computadora que cuando se mantiene en movimiento constante.
De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, una persona con trabajo sedentario puede requerir entre 1,800 y 2,200 calorías al día, mientras que alguien con actividad física constante puede superar las 3,500. La diferencia puede ser de más del 70%, pero en la práctica muchas rutinas alimenticias no cambian demasiado.
A esto se suma que, según la Organización Mundial de la Salud, más del 60% de los adultos no alcanza los niveles recomendados de actividad física. Esto vuelve más importante entender cómo se relacionan la alimentación, el ritmo diario y el gasto energético.
Para la médico Blanca Azucena Becerra Correa, nutrióloga egresada de la Universidad de Guadalajara y especialista independiente en temas de nutrición, el desajuste entre lo que se come y lo que el cuerpo necesita puede sentirse en la vida diaria.
“Cuando la alimentación no está alineada con la actividad, el cuerpo lo resiente. Puede haber fatiga, bajo rendimiento o incluso dificultad para mantener hábitos saludables en el tiempo”, explica.

El problema no siempre es comer mal, sino comer sin contexto
El desgaste energético no se trata únicamente de contar calorías. También tiene que ver con el tipo de actividad que se realizará durante el día. No es lo mismo alimentarse para una jornada de concentración frente a la pantalla que para un día con mucho movimiento físico.
Por eso, los carbohidratos complejos tienen un papel relevante dentro de una alimentación equilibrada. A diferencia de otros alimentos que pueden generar picos rápidos de energía, estos ayudan a una liberación progresiva, lo que favorece un rendimiento más estable.
Dentro de este grupo, la avena ha pasado de ser un alimento básico del desayuno a convertirse en una opción práctica para distintos momentos del día. Además de aportar energía de liberación lenta, contiene fibra soluble, conocida como betaglucanos, estudiada por su relación con la digestión, el control del colesterol y la estabilidad de los niveles de glucosa en sangre.
Estos beneficios no solo impactan en la salud metabólica, también influyen en la forma en que el cuerpo administra su energía a lo largo de la jornada.
Avena: energía sostenida para rutinas físicas y mentales
A nivel nutricional, la avena aporta alrededor de 13 gramos de proteína vegetal por cada 100 gramos. Esto la convierte en un complemento útil para personas con actividad física, especialmente cuando se busca apoyar la recuperación muscular.
También contiene minerales clave como magnesio, relacionado con la función muscular; hierro, necesario para el transporte de oxígeno; zinc, vinculado con la recuperación; y fósforo, que participa en la producción de energía celular.
Otra ventaja es su versatilidad. Puede consumirse en preparaciones dulces o saladas, en desayunos rápidos, colaciones o recetas más completas. Esto facilita integrarla sin hacer cambios drásticos en la rutina.
<i>No es lo mismo comer para moverte que para concentrarte. La alimentación debe responder a lo que el cuerpo va a hacer, no a una regla general”</i>
— Blanca Becerra

Nutrición táctica: comer según el tipo de jornada
La idea no es seguir una dieta rígida, sino entender qué necesita el cuerpo antes de decidir qué poner en el plato. Si una persona tendrá una jornada de mucho desgaste físico, sus necesidades no serán las mismas que las de alguien que pasará horas en reuniones, pantallas o tareas de concentración.
Incluso en el entorno laboral, la alimentación empieza a verse como parte del bienestar y la productividad. Reportes de la Organización Internacional del Trabajo señalan que una nutrición inadecuada puede impactar la productividad laboral hasta en un 20%, lo que ha llevado a algunas empresas a poner mayor atención en los hábitos alimenticios de sus equipos.

Opciones prácticas para sostener la energía diaria
En este contexto, también ha cambiado la forma en que las personas buscan mejorar su alimentación. Más que dietas estrictas, la tendencia apunta hacia opciones prácticas, accesibles y fáciles de integrar al día a día.
Ahí es donde marcas como Granvita se insertan dentro de la conversación, al ofrecer productos a base de avena que pueden adaptarse a distintos momentos de la rutina: desde el inicio del día hasta pausas en las que se necesita energía sostenida.
Porque al final, el reto no es solo decidir qué comer. También es preguntarse para qué se está comiendo. Entender si el cuerpo necesita energía para moverse, concentrarse o recuperarse puede marcar la diferencia entre una rutina que solo se sobrelleva y una que realmente acompaña el bienestar diario.
