El kéfir ha despertado interés entre quienes buscan incorporar alimentos fermentados a su dieta, particularmente por su relación con la salud digestiva y el bienestar.
Sin embargo, ante la variedad de opciones disponibles, surge una pregunta importante para los consumidores: ¿todo lo que dice kéfir es realmente kéfir?
La respuesta es no, porque la clave está en sus cultivos. A diferencia de otros lácteos fermentados, el kéfir se caracteriza por una combinación específica de bacterias y levaduras que, al fermentar la leche, generan nuevos compuestos bioactivos y le dan su sabor distintivo y sus propiedades saludables.

El kéfir no se improvisa
Este alimento se distingue por una comunidad específica de bacterias y levaduras que conviven en los gránulos de kéfir, o búlgaros, y trabajan de forma conjunta durante la fermentación de la leche.
Esta composición está reconocida por el Codex Alimentarius, referente internacional de la FAO y la OMS, que describe los microorganismos propios del kéfir, entre ellos bacterias y levaduras específicas.
Pero las levaduras no solo forman parte de su identidad. Su interacción con las bacterias durante la fermentación contribuye a generar péptidos, aminoácidos y otros compuestos bioactivos que han llamado la atención de la ciencia por sus posibles beneficios para la salud.

Una revisión de estudios clínicos publicada en 2026 en Healthcare, revista científica internacional especializada en salud, identificó resultados prometedores sobre la relación entre el consumo de kéfir, la salud digestiva y la tolerancia a la lactosa.
Cuando hablamos de kéfir, no basta con contar cuántas bacterias contiene. La combinación de bacterias y levaduras específicas presentes en los búlgaros es fundamental, porque durante la fermentación se generan compuestos como los péptidos, estudiados por su relación con la microbiota intestinal y la salud digestiva.
Además, sus beneficios van más allá de la digestión, como el control de la glucosa y el apoyo al sistema inmune.
“Al analizar otros productos en México, pudimos observar que no contienen ‘granos de kéfir’ y, como consecuencia, no necesariamente tendrían los beneficios atribuidos al kéfir. Por eso es importante conocer qué contiene el que consumimos”, explicó Mary Mondragón, directora del Instituto de Nutrición Lala.

Diseñado con evidencia, no con prisa
Por ejemplo, Lala Kéfir es resultado de un proceso de investigación y desarrollo que parte de un cultivo madre de gránulos de kéfir, conservado mediante tecnología especializada para mantener la composición y las características de sus microorganismos vivos.
Su elaboración combina cultivos característicos del kéfir con una fermentación a temperatura controlada. A ello se suma la cadena de frío de Grupo Lala, que permite conservar el producto en condiciones adecuadas hasta su llegada a los puntos de venta.
El resultado es Lala Kéfir, una innovación que amplía el portafolio de la compañía y ofrece ciencia detrás de cada botella: con auténticas levaduras de kéfir, 19 cepas vivas y activas, y una carga de 30 mil millones de probióticos por porción.
Además, es una opción baja en grasa, sin azúcares añadidos y con vitaminas A y D, en una presentación individual y práctica para el consumo cotidiano. No lleva sellos ni leyendas y está hecho con la leche Número 1 de México.
Cómo reconocer un kéfir que sí es kéfir
Aunque diversos productos del mercado se presentan como kéfir, la realidad es que no todos se elaboran con gránulos de kéfir o búlgaros.
Además, en el mercado mexicano hay productos que utilizan cultivos distintos a los del kéfir o que no incluyen levaduras, lo que da origen a una fermentación diferente.
La diferencia no es solo técnica, sino fundamental: los gránulos de kéfir aportan la combinación única de bacterias y levaduras que define a este alimento y que cuenta con respaldo de estudios científicos.
Por eso Lala Kéfir busca ofrecer el kéfir que los mexicanos merecen, uno desarrollado a partir de ingredientes y procesos auténticos.
Para reconocer un kéfir genuino, Lala comparte tres claves que vale la pena revisar:
- Revisa la denominación del producto: busca que se identifique como kéfir y no únicamente como lácteo fermentado.
- Busca los gránulos de kéfir: en la lista de ingredientes deben aparecer estos gránulos, también conocidos como búlgaros, que reúnen los microorganismos característicos de esta fermentación.
- Las levaduras hacen la diferencia: no basta con contener lactobacilos o cultivos vivos. El kéfir se distingue por la combinación de bacterias específicas y levaduras que interactúan durante la fermentación. Revisa la información del producto para confirmar su presencia.
Diseñado con evidencia, no con prisa
Con esta conversación de fondo, han desarrollado Lala Kéfir, una innovación elaborada con auténticos gránulos de kéfir, conocidos en México como búlgaros, que reúnen bacterias y levaduras específicas y que aportan los beneficios atribuidos a este alimento.
Este producto es el resultado de un proceso de investigación y desarrollo que parte de un cultivo madre de gránulos de kéfir, conservado mediante tecnología especializada para mantener la composición y las características de sus microorganismos vivos.
Su desarrollo parte de una premisa clara: no se trata de sumar más cultivos, sino de elegir los correctos. Por ello, trabajaron con especialistas para crear un producto que respeta las características tradicionales del kéfir a partir de los búlgaros originales, combinando investigación, tecnología y conocimiento científico.




