Continuamos generando conversación, mensajes, opiniones encontradas y más debate. Y eso me alegra, esa es la intención. Como dije la columna anterior, cuando un tema nos hace sentido, es señal de que algo nos checa. Así que decidí seguir una vez más por esta senda.
Hoy quiero ir un paso más allá.
Cuando existe un conflicto entre dos personas, y ese conflicto te alcanza —porque te piden opinión, porque te involucran emocionalmente o porque esperan que tomes partido— casi siempre ocurre lo mismo: construimos nuestra postura con la primera versión que escuchamos.
Alguien nos cuenta lo que pasó. Nos narra su experiencia, su dolor, su enojo. A veces es alguien cercano, alguien querido, alguien en quien confiamos. Otras veces, alguien que busca —consciente o inconscientemente— inclinar la balanza a su favor. Y sin darnos cuenta, aceptamos esa versión como verdad absoluta.
Nos acomodamos ahí.Juzgamos.Condenamos.Definimos lealtades.
Y actuamos exactamente como la otra persona esperaba, por eso uso mucho una frase que resume esta idea con crudeza:
“El lobo siempre será el malo del cuento, mientras solo escuches la versión de Caperucita.”
El problema no es escuchar. El problema es escuchar solo a uno.
Es lamentable cómo se rompen relaciones, se enfrían vínculos o se pierde contacto con personas valiosas simplemente porque alguien “nos contó algo” y decidimos no escuchar la otra parte. Porque juzgar desde una sola versión no es justicia, es comodidad.
No somos jueces. No somos fiscales. Y mucho menos deberíamos ser verdugos emocionales basándonos en relatos incompletos, chismes disfrazados de preocupación o versiones convenientes que buscan proteger intereses propios.
Comunicar no es solo hablar. También es querer entender.
Implica razón, sí… pero también corazón. Implica tener la intención genuina de aclarar, de contrastar, de preguntar antes de sentenciar. De imprimir emoción, pero también responsabilidad.
Mi invitación es simple, aunque incómoda: antes de tomar partido, escucha. Antes de alejarte, pregunta. Antes de juzgar, duda un poco de la historia que te contaron.
Porque muchas veces el problema no fue lo que pasó… sino lo que creímos sin confirmar.
Y recuerda: incluso cuando decides callar, incluso cuando eliges no escuchar…
Todo comunica.
