Querétaro llega a este 2026 como uno de los estados con la mejor reputación institucional y económica del país. Su crecimiento sostenido, su atracción de inversión y su estabilidad política lo han colocado como referente nacional. Sin embargo, precisamente ese éxito ha generado nuevas tensiones que hoy configuran un escenario de oportunidades y limitantes que definirán su futuro inmediato.
La principal oportunidad para Querétaro es la consolidación del nearshoring de alto valor. Los clústeres aeroespacial, automotriz y de servicios tecnológicos pueden evolucionar hacia una economía más sofisticada, con mejores salarios, transferencia de conocimiento e integración de triple hélice (Universidad–Empresa–Gobierno). Si se acompaña de educación técnica pertinente y una planeación industrial inteligente, el estado puede dar un salto estructural y convertirse en modelo nacional de desarrollo productivo sostenible.
Otra oportunidad relevante es la posibilidad de que Querétaro lidere una gobernanza metropolitana moderna, superando la fragmentación municipal. La coordinación en seguridad, movilidad, vivienda,servicios públicos y cuidado ambiental permitiría preservar calidad de vida y fortalecer la confianza ciudadana, un activo cada vez más escaso en el país.
Pero frente a estas oportunidades emerge con fuerza la limitante más crítica del estado, el agua. La crisis hídrica ya no es un riesgo futuro, sino un límite estructural presente. La sobreexplotación de acuíferos, la presión industrial y el crecimiento urbano desordenado colocan al estado ante un punto de inflexión. Sin una nueva gestión integral del agua (infraestructura, gobernanza, eficiencia, equidad y adecuada gestión de la disponibilidad), el propio éxito económico de Querétaro se vuelve insostenible.
A esta limitante se suma la saturación urbana: vivienda encarecida, movilidad rebasada y expansión periférica que genera segregación socioespacial. Si no se corrige, el modelo de crecimiento puede erosionar la cohesión social y abrir espacios a conflictos por servicios, uso de suelo y seguridad. La violencia “importada” del Bajío y la presión del crimen organizado en zonas periféricas representan otra limitante que no debe subestimarse.
Querétaro, en síntesis, no enfrenta un escenario de colapso, pero sí una bifurcación histórica. Puede convertirse en un laboratorio de desarrollo sostenible para México o en un ejemplo de cómo el crecimiento sin una planeación adecuada genera sus propias crisis.
El 2026 será un año clave, o el estado transforma su modelo de crecimiento con una visión de largo plazo y socialmente responsable, o su mayor fortaleza, el éxito, se convertirá en su principal vulnerabilidad.
Aprovecho para desearles a todos mis amables lectores, un 2026 lleno de oportunidades, retos superados, nuevos sueños y lleno de esperanza. Y como siempre, agradezco su opinión y comentarios en mi cuenta de X @EUribarren
