Opinión

La noticia llegó sin edición.

Poder, política y comunicación

Columnista Julio Cabrera
Columnista Julio Cabrera /Cortesía

La llamada “extracción” de Nicolás Maduro marcó algo más que un episodio geopolítico. Fue, sobre todo, una postal clara de cómo hoy se construyen y se consumen los hechos históricos. Durante horas, el mundo no se enteró después; se enteró mientras ocurría. Videos, audios, versiones cruzadas, mensajes oficiales y filtraciones convivieron en una misma línea de tiempo global. No hubo antesala, no hubo cierre, no hubo edición previa.

Hace no tantos años, una operación de este calibre habría llegado a nosotros por otros caminos. Un cable de agencia, una confirmación oficial, el periódico del día siguiente o el noticiero de la mañana. Antes, la información avanzaba con pausa, con filtros, con jerarquía. Hoy, la secuencia es inversa, primero el impacto, después la explicación.

En ese contexto resulta inevitable detenerse en la forma de comunicar del Presidente Donald Trump. Nadie puede negar su gran capacidad para dominar la escena comunicacional. Trump entiende como pocos el valor del primer mensaje: directo, inmediato, sin intermediarios. En crisis o en momentos de alta tensión, sabe que quien fija el primer “statement” no siempre tiene la razón, pero sí la atención.

Mientras las redes sociales amplificaban versiones e imágenes a una velocidad imposible de contener, el periodismo profesional entró en modo reconstrucción. Medios como The Wall Street Journal o The New York Times no compitieron del todo por ser los primeros, sino por hacer lo que hoy más valor tiene: ordenar el caos, contextualizar, explicar implicaciones, separar los hechos de las suposiciones. Esa es quizá la nueva frontera del periodismo: no ganar la carrera desde el arranque, sino ofrecer sentido cuando todo parece confuso.


Lo ocurrido deja varias lecciones. La primera: la velocidad de la información ya no está en manos de gobiernos ni de medios, sino de la hiperconectividad. La segunda: comunicar rápido no es lo mismo que comunicar bien, pero sí puede definir la conversación inicial. Y la tercera: en un mundo saturado de estímulos, la credibilidad se construye más por la capacidad de explicar que por la de anunciar.

Más allá de juicios morales o políticos sobre el hecho, vale la pena observar el fenómeno con lupa comunicacional. Porque hoy los acontecimientos no solo se deciden en el terreno o en las oficinas, sino también y cada vez más en la narrativa que los rodea.

En filigrana…Que este nuevo año nos encuentre atentos no solo a lo que pasa, sino a cómo nos enteramos de lo que pasa. Y que, entre tanta inmediatez, no perdamos el hábito de pensar antes de reaccionar.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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