Enero siempre llega con una sensación distinta. Es el mes de los nuevos comienzos, de los propósitos que hacemos en familia y de las pequeñas decisiones que queremos mejorar. Como mamás, uno de esos deseos casi siempre es el mismo: que nuestros hijos estén sanos, crezcan fuertes y tengan un futuro lleno de bienestar. Y en ese camino, la alimentación juega un papel clave, aunque muchas veces no lo notemos en lo cotidiano.
El azúcar forma parte de la vida diaria de nuestros hijos más de lo que imaginamos. No solo está en los dulces o postres, también aparece en jugos, cereales, yogures saborizados, galletas, snacks y bebidas que solemos considerar inofensivas. En México, una parte importante de los niños consume más azúcar de la recomendada para su edad, y esto se refleja en cifras preocupantes de sobrepeso, obesidad y en el aumento de casos de diabetes tipo 2 en edades cada vez más tempranas.
Especialistas en salud coinciden en que el problema no es un dulce ocasional, sino la suma diaria de pequeñas porciones de azúcar que pasan desapercibidas. Con el tiempo, este exceso puede afectar el metabolismo, generar resistencia a la insulina y aumentar el riesgo de enfermedades que acompañan a los niños hasta la vida adulta.
El inicio del año es un buen momento para hacer ajustes sin caer en extremos. No se trata de prohibir ni de generar culpa, sino de aprender a elegir mejor. Cambiar refrescos y jugos industrializados por agua natural o aguas de fruta sin azúcar, por ejemplo, puede reducir de manera importante el consumo diario. Leer etiquetas, optar por alimentos más naturales y reconocer los azúcares “escondidos” también ayuda más de lo que pensamos.
Otro paso importante es normalizar que el postre no tiene que ser diario. La fruta puede ocupar ese lugar la mayoría de las veces, dejando los dulces para ocasiones especiales. Además, el ejemplo en casa es fundamental. Nuestros hijos observan lo que hacemos: si nos ven tomar agua, elegir alimentos frescos y moderar el consumo de azúcar, ellos lo incorporan como algo natural.
Mover el cuerpo también forma parte del equilibrio. Jugar, caminar, bailar o practicar algún deporte en familia ayuda a regular el metabolismo y refuerza hábitos saludables desde la infancia.
Este enero no se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo mejor. Cada pequeño cambio cuenta. Mantener el azúcar bajo control hoy es una forma de cuidar la salud de nuestros hijos mañana, prevenir enfermedades y regalarles una relación más sana con la comida. A veces, los propósitos más importantes no son los más grandes, sino los que se construyen todos los días, desde casa.
