Opinión

Orgullo o Estrategia: ¿Quién lidera tu comunicación?

¿Quién lidera tu comunicación?
¿Quién lidera tu comunicación? /Cortesía (Tero Vesalainen/Getty Images)

Hay silencios que no son ausencia de sonido, sino exceso de miedo. Seguramente los conoces: esa distancia invisible, pero pesada, que el orgullo va cavando entre nosotros y las personas que más queremos. De pronto, el hogar o la oficina se transforman en desiertos de palabras no dichas, donde el aire se siente denso y cada día que pasa el muro se hace un centímetro más alto. Nos convencemos de que estamos “esperando el momento adecuado”, cuando en realidad solo estamos permitiendo que el tiempo enfríe lo que alguna vez fue cálido.

Suele creerse que la solución a estos bloqueos es simplemente “hablarlo”, pero aquí radica un error táctico común: creer que la palabra es la única herramienta. A veces, las palabras están tan gastadas por el conflicto, tan “sucias” por discusiones pasadas o tan cargadas de intención de tener la razón, que ya no sirven para sanar. Hace tiempo escribí una frase que hoy cobra más sentido que nunca: “Tus actitudes hablan tan fuerte que no puedo escuchar lo que dices”. Esa es la cara negativa del silencio. Sin embargo, hoy quiero invitarte a ver el otro lado de la moneda: que tus acciones positivas sean tan claras, tan contundentes y tan genuinas, que las palabras terminen sobrando.

Si la comunicación con alguien importante se pausó —ya sea con un hijo, una pareja o un socio—, no esperes a que la otra persona “se dé cuenta” o dé el brazo a torcer. En el mundo de la inteligencia relacional, esperar a que el otro inicie el camino no es lealtad ni dignidad; a menudo es una mala estrategia de vida. En la comunicación de alto nivel, el que da el primer paso no es el que se rinde, ni el que pierde la batalla del ego; es, por el contrario, quien elige liderar la relación. El liderazgo no solo se ejerce en las juntas de consejo, se ejerce en la sala de la casa cuando decidimos que el vínculo es más importante que nuestro propio orgullo.

Para romper el hielo no siempre necesitas un discurso de reconciliación. Necesitas lo que yo llamo una “maquinación positiva”: el acto deliberado de diseñar una acción que invite al otro a bajar la guardia. Es mover una pieza en el tablero emocional que obligue al sistema a cambiar su inercia. Puede ser un café sin previo aviso puesto sobre la mesa, compartir una fotografía de un momento feliz o, como vi recientemente en una historia que me conmovió profundamente, poner a girar aquel viejo disco de vinilo que ambos solían disfrutar en tiempos mejores.


Ese gesto es un puente. No requiere que nadie admita su culpa de inmediato, pero sí requiere que alguien sea lo suficientemente valiente para decir, sin hablar: “mis ganas de volver a conectar son más grandes que mi necesidad de tener la razón”. Ese es el verdadero poder de la comunicación no verbal: la capacidad de reconstruir lo que el lenguaje verbal destruyó.

En este inicio de año, te invito a reflexionar: ¿cuánto espacio le estás regalando al orgullo en tu corazón? Sé más inteligente que tu ego. No busques ganar la discusión, busca recuperar la conexión. Atrévete a ser tú quien ponga la música de nuevo, quien extienda la mano primero, quien propicie el escenario del reencuentro. Porque cuando el corazón actúa con estrategia y generosidad, las explicaciones sobran y el abrazo llega por añadidura.

Recuerda siempre que, en el silencio o en el ruido, en la ausencia o en el gesto... Todo comunica.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

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