Imagina que asistes a una prestigiosa galería de arte. Ante ti, dos cuadros idénticos: la misma pintura, los mismos colores, la misma escena. Sin embargo, uno está expuesto con un marco de oro antiguo, ricamente tallado, y el otro, con un minimalista marco de metal negro y pulcro. ¿Los percibes igual? Seguramente no. El marco, aunque externo a la obra, altera drásticamente nuestra percepción, su valor y la emoción que nos provoca.
Lo que sucede en esa galería es una analogía perfecta de cómo consumimos noticias y cómo se construye nuestra realidad diaria. A este fenómeno, en el ámbito de la comunicación, lo llamamos Framing o “encuadre”. No se trata solo de lo que se nos presenta (el cuadro), sino de cómo se nos presenta (el marco). La prensa, los políticos y, cada vez más, los algoritmos de las redes sociales, son maestros en el arte de elegir el marco adecuado para alinear nuestra percepción, nuestras emociones y, en última instancia, nuestras decisiones.
Desde los centros de poder, la construcción del marco es una estrategia calculada. Si una política económica compleja necesita ser aceptada, se enmarcará como “un paso valiente hacia la modernización” o “un sacrificio necesario por el futuro”. Nunca como un “recorte doloroso”. Si se busca polarización, un evento se enmarcará como una “afrenta intolerable” por un lado, y como “un acto de justicia” por el otro. El mismo evento (el cuadro) adquiere significados diametralmente opuestos según el marco que se le imponga.
El verdadero riesgo hoy no es la ausencia de información, sino la saturación de encuadres prefabricados. En la vorágine de las redes sociales y los medios digitales, somos bombardeados por interpretaciones que buscan activar nuestras emociones antes que nuestro pensamiento crítico. Nos empujan a tomar partido, a indignarnos o a celebrar, sin darnos el tiempo de cuestionar la intencionalidad detrás del marco que nos están vendiendo. Terminamos defendiendo “cuadros” que, sin su “marco”, quizás no nos moverían ni un ápice.
¿Cómo podemos, entonces, afinar nuestra mirada crítica y distinguir la obra de su envoltura? El primer paso es desconfiar de las emociones extremas. Si una noticia te provoca una reacción visceral, un enojo furibundo o un entusiasmo desmedido, detente un momento. Pregúntate: ¿estoy reaccionando al cuadro o al marco? La información más valiosa es aquella que le invita a la reflexión, no la que le exige una lealtad emocional instantánea.
Mi invitación es a que te conviertas en un curador de tu propia galería mental. No te quedes con el primer marco que te muestren. Busca otras perspectivas, cuestiona la narrativa dominante y, sobre todo, desarrolla la capacidad de ver el cuadro sin el filtro del encuadre. Porque la verdad es un arte complejo, y en la forma en que decidasobservar y analizar el mundo... Todo comunica.
