Opinión

La amistad un acto de resistencia y de esperanza colectiva.

Columnista
Enrique Uribarren /Cortesía

Hace dos días celebramos el día de la amistad, por lo que resulta pertinente reflexionar sobre su significado en la actualidad.

Recientemente ha surgido el término “recesión de la amistad” a partir de una serie de análisis publicados en Harvard Business Review, respaldados por un estudio de esa universidad sobre el desarrollo de los adultos.

Los datos demuestran una disminución sostenida en la cantidad y calidad de amistades profundas, particularmente en la vida adulta. No hablamos de contactos en redes sociales, sino de vínculos significativos, personas con quienes se puede hablar con honestidad, pedir ayuda o compartir vulnerabilidades. Esto pone de manifiesto una tendencia preocupante, cada vez más personas reportan tener pocos o ningún amigo cercano y, por lo tanto, el tiempo dedicado a convivir con amigos ha disminuido.

Las jornadas laborales extensas, la hiperconectividad digital, la movilidad urbana y una cultura centrada en el logro individual han desplazado las amistades hacia un segundo plano. Paradójicamente, en la era de mayor conectividad tecnológica, aumenta la sensación de soledad.


La investigación de Harvard ha sido consistente en un punto central, lo que más impacta la calidad de vida a largo plazo es la profundidad de los vínculos humanos. La amistad, en este sentido, no es un lujo emocional, sino una infraestructura invisible de estabilidad personal y social.

En una sociedad como la mexicana, agobiada por altos niveles de violencia, inseguridad y desconfianza institucional, la recesión de la amistad puede tener efectos particularmente graves. Cuando las redes de amistad se debilitan, aumenta el aislamiento, disminuye la cohesión comunitaria y se erosiona la confianza interpersonal.

México ha sido históricamente una cultura relacional, donde la familia, el compadrazgo y la amistad funcionaban como redes de apoyo y protección. Sin embargo, la urbanización acelerada, las largas jornadas laborales y el miedo derivado de la inseguridad han reducido los espacios de convivencia. El resultado es una sociedad más fragmentada, donde cada individuo tiende a resguardarse en círculos cada vez más pequeños.

La soledad prolongada amplifica la ansiedad, la irritabilidad y la desesperanza. Estas emociones se convierten en terreno fértil para la polarización, el resentimiento o la indiferencia ante el dolor ajeno. Cuando las personas no se sienten acompañadas ni sostenidas por una red afectiva sólida, disminuye también su sentido de responsabilidad comunitaria.

Reflexionar sobre la “recesión de la amistad” implica reconocer que reconstruir la paz también pasa por reconstruir vínculos. Fomentar espacios de convivencia, promover culturas laborales más humanas y revalorar la amistad son acciones con impacto social profundo.

En nuestros tiempos, fortalecer la amistad puede ser, silenciosamente, un acto de resistencia y de esperanza colectiva.

Como siempre, agradezco su opinión y comentarios en mi cuenta de X @EUribarren

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Publimetro.

Tags

Lo Último