En la calle y, sobre todo, en los círculos políticos ya se está oyendo una frase que cada vez se repite más: “aquí toca”. Como frase de conversación es legítima; a mucha gente le sirve para preguntar, para ubicarse, para entender qué podría pasar, aunque a veces también puede confundir.
El problema es cuando “aquí toca” se usa como si fuera consigna, como si ya estuviera repartido, o como si la decisión dependiera de lo que alguien “quiera” y no de reglas. En elecciones no “toca” por capricho; “toca” por normas, por criterios y por derechos. Y por eso vale la pena entenderlo bien.
Porque “aquí toca” suena simple y no lo es. No es turno ni reparto. Detrás hay reglas y hay derechos. La pregunta es: ¿qué significa la paridad en serio?
Yo lo digo como lo pienso: necesitamos más mujeres tomando decisiones y encabezando espacios de poder. No por moda ni por quedar bien; porque es justo y porque la democracia no es democracia si deja fuera a la mitad de las personas. Y esto no se arregla con discursos, se arregla con reglas que abran oportunidades reales.
Querétaro ha avanzado, sí (quizá no como yo quisiera). Pero a estas alturas el debate no debería ser si la paridad “va” o “no va”. El punto es otro: si se cumple de verdad o si se cumple “a medias”. Porque cuando la paridad se entiende como “turnos”, se cumple en la forma, pero en el fondo se repite el patrón de siempre.
No basta con decir “postulamos mujeres”. También importa dónde compiten, por eso existen los bloques de competitividad. Es sencillo, para cada partido se acomodan los municipios según la votación pasada y se separan en tres niveles: bajo, medio y alto. ¿Para qué? Para que no pase lo que históricamente sucedía: “cumplimos”, pero mandamos a las mujeres justo a donde está más difícil, donde el partido tuvo menos votos. Dicho directo: para que no sea paridad de papel.
Y un matiz importante, para no perdernos: la obligación de postular con paridad recae primero en los partidos políticos, la supervisan los institutos electorales y, en su caso, los tribunales, para hacer que la regla se respete como debe ser.
Además hay un dato bien importante, y que explica por qué este tema no es cuento. En Querétaro hay cinco municipios que nunca han sido encabezados por una presidenta municipal: Amealco, Colón, El Marqués, Querétaro y Tequisquiapan. Eso no es casualidad, eso es historia que sigue sin moverse.
Por eso, desde el IEEQ presentamos al Congreso una iniciativa para que en al menos la mitad de esos municipios se postulen mujeres; si son cinco, serían tres. Esto no decide el resultado, lo que hace es abrir una puerta que, por décadas, casi nunca se ha abierto.
Entonces, ¿qué toca en mi municipio?
Toca revisar reglas, entender los niveles de cada partido y seguir de cerca qué rumbo toma la reforma. Porque la verdad es esta: no sabemos “qué toca” hasta que cada partido, con sus números y sus bloques ya analizados, decide dónde y cómo postular, y lo hace dentro de las reglas vigentes. Pero, sobre todo, toca hacer efectiva la paridad para revertir una brecha histórica.
Al final, que no se nos olvide lo principal: las reglas ponen el piso, pero la última palabra siempre la tiene la ciudadanía con su voto.
Eso es La Caja Negra.
Cuando entiendes el sistema, dejas de ser rehén de él.
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